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jueves, 26 de diciembre de 2013

Un día como hoy nace la escritora Teresa de la Parra

                                                                             Imagen de:  Maria Eugenia Parra

Teresa de la Parra, una de las representantes más destacada de las letras venezolanas, nace en París, Francia, un 05 de octubre de 1889.

Dos años después su familia se traslada a Venezuela, por poco tiempo, pues tras el fallecimiento de su padre los obliga a trasladarse a España.

Teresa regresa a Venezuela en 1910, pero no será sino hasta 1915 cuando su espíritu literario se manifiesta mediante una serie de cuentos publicados en las revistas francesas “París Time” y “Revue de L`Amérique”, de reconocida tendencia fantástica, siendo de interés por los críticos europeos por su gran expresividad estética y la construcción de un universo enriquecido por una imaginación intimista.

La fama de la escritora le facilita la publicación de sus relatos en el diario “El Universal” y la revista “Lectura Semanal” de Caracas, rompiendo los cánones tradicionales de la sociedad venezolana, donde la mujer no era tomada en cuenta para las actividades intelectuales, dominadas hasta aquel momento por los hombres.

En esta primera etapa de cuentista destacan sus obras “Buda y la Leprosa”, “Flor de Loto: Una Leyenda Japonesa”, “El Ermitaño del Reloj”, considerado por la critica como uno de los mejores de la cuentística mundial; “El Genio del Pesacartas”, “La Historia de la Señorita Grano de Polvo” y “Bailarina del Sol”, pero esta primera etapa será sustituida por la corriente realista favorecida por el predominio de la filosofía positivista en Venezuela.

En 1920, publica en la revista “Actualidades”, que dirige en ese momento el gran escritor venezolano Rómulo Gallegos, el “Diario de una Caraqueña por el Lejano Oriente”, siendo el inicio de una de sus grandes obras “Ifigenia”.

En 1923, su gran fuerza intelectual se consolida no solo en Venezuela sino en el mundo europeo cuando sale a luz su gran novela “Ifigenia”, obteniendo el primer premio de la Casa Editora Franco-Ibero-Americana de París, publicando su obra en español y en francés.

Posteriormente, publica su segunda obra ”Memorias de Mamá Blanca” (1929) considerada como un clásico de la literatura hispanoamericana. Consolida así su figura de intelectual.

Durante su intensa actividad intelectual, es invitada a diversos foros y reuniones internacionales, siendo respetada y comparada con la gran poetisa chilena, Gabriela Mistral, a la cual le unió una gran amistad.

El 23 de abril de 1936, Teresa de la Parra muere en Madrid, España, como consecuencia de una enfermedad respiratoria y sus restos reposan hoy en día en el Panteón Nacional venezolano.

Fuente: YVKE

sábado, 5 de octubre de 2013

Teresa de La Parra 124 años de su nacimiento.




Nacimiento.

El 5 de octubre de 1889 nace en París, Francia, Ana Teresa Parra Sanojo, escritora venezolana conocida por su seudónimo Teresa de la Parra. Hija de padres Venezolanos residenciados en París, en un hogar de la más rancia aristocracia caraqueña. Entre sus ascendientes se contaban Fanny de Villiars y Aristeguieta y su famoso primo Simón Bolívar.

Deceso.

Ana Teresa viaja a Europa, donde inicia su segunda Novela “Memorias de Mamá Blanca”, la cual publica en París en 1929. Ese mismo año regresa a Venezuela pero su permanencia en el país fue corta debido a que contrae Tuberculosis y regresa a Europa, donde se interna en un sanatorio en Suiza. Poco antes de su muerte, Ana Teresa se traslada a Madrid para morir en paz. Fallece en la capital española el 23 de abril de 1936.

Legado.

A los 15 años, compitió con alumnas de las Academias del Sagrado Corazón de España sobre el tema de la Inmaculada Concepción y obtuvo el primer premio. En 1918 conoció al poeta español Francisco Villaespesa, quien había llegado a Caracas para estrenar su drama titulado Bolívar; amistad que le dio alguna notoriedad a la joven escritora, quien además se destacaba ya por su belleza, elegancia, ademanes finos y una discreta afición al champagne. El entonces ministro de Educación, Felipe Guevara Rojas, se enamoró perdidamente de ella pero no fue correspondido.

A comienzos de la década de los años 20 se retiró a su hacienda de Macuto y empezó a escribir con pasión febril su primera novela. Poco tiempo después publicó un fragmento bajo el título de "Diario de una señorita que escribe, porque se fastidia", en la revista La Lectura Semanal, por lo cual fue elogiada por el consagrado narrador José Rafael Pocaterra. Se trataba de una literatura libre y sincera, tremendamente femenina.

Al terminar la novela la envió a un concurso organizado por una editorial franco-americana de París y meses después obtuvo el primer premio. En 1924 apareció la primera edición de Ifigenia.

Este "libro-mujer", como lo denominó Arturo Uslar-Pietri, critica las costumbres conventuales de su tiempo, la hipocresía social, la entrega de la mujer a un novio adinerado escogido de antemano y la rígida autoridad paterna. Todo ello disgustó a la sociedad caraqueña, a su cerrado círculo literario y a su familia. No tardó en recibir la autora comentarios mordaces y venenosos en la prensa de la época y en sentir los arañazos de la envidia a través de maledicencias y de anónimos.

Sin embargo, esta obra tremendamente femenina y feminista, donde se deja traslucir lo más entrañable del alma de su género, escrita en lenguaje sutil con ritmo ágil y cadencioso, fue elogiada por Francis de Miomandre, Miguel de Unamuno, Mariano Picón Salas y Gabriela Mistral, entre otros. Esta última llamó a Teresa de la Parra "hermana en la literatura, distinta de otras".

Teresa viajó en diversas ocasiones por Europa y América. En París compartió tertulias con la Mistral frente a una tropa de cultos exiliados latinoamericanos. Allí conoció a su gran amor: el poeta ecuatoriano Gonzalo Zaldumbide, a quien Alfonso Reyes dedicó una vez la lectura de su Ifigenia cruel. Pero el celebrado autor de Égloga trágica contrajo matrimonio al poco tiempo con una acaudalada viuda española.

Desde temprana edad, Teresa de la Parra sufrió quebrantos de salud debidos a una lesión en un pulmón. Esto la obligó en varias ocasiones a internarse en sanatorios, tanto en su patria como en Europa.

Entre 1928 y 1930 estuvo varias veces en Cuba, una de ellas con motivo del Séptimo Congreso de la Prensa Latina, celebrado en La Habana, donde ofreció una charla magistral en el Lyceum de la capital cubana. Durante su estancia en la isla visitó las provincias de Matanzas, Las Villas y Pinar del Río; admiró el cultivo de cítricos en Isla de Pinos, paseó por Trinidad y se bañó en el mar de Varadero. Le gustaba caminar por las calles de La Habana, especialmente por la de Calzada en El Veda

De regreso a Venezuela pasó por Colombia donde dictó conferencias en Bogotá, Tunja, Medellín y Cartagena. Colocó una rosa en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, donde no pudo ocultar su emoción cuando recibió de manos de la niña Margot Valdeblánquez Moreu un anagrama de su autoría hecho con las letras de su nombre.

En 1929 publicó su segunda novela, Memorias de Mamá Blanca, inspirada en las costumbres campesinas y acerca de una anciana que le deja su fortuna a una niña de 12 años. Es una obra donde se reflexiona sobre la fugacidad de la vida y en donde predominan los sentidos, los colores y los recuerdos.

De nuevo en Europa sufre serias recaídas y es internada sucesivamente en sanatorios de Suiza, Francia y España. Por esa época tiene la idea de escribir una biografía novelada de Bolívar, la cual no llega a concluir. En 1932 llega a Leysing, "la ciudad de los tísicos", donde ingresa al sanatorio Grand-Hotel. De ahí pasa a la Casa Richemont de Vevey; luego a Lausana, Suiza, y más tarde a Neuilly en París. Allí se entera de la muerte del médico y espiritista colombiano Luis Zea Uribe, su amigo y confidente, hecho que la sume en la más profunda depresión.

Después de unos viajes cortos por Barcelona y Francia, llega al sanatorio de La Fuenfría en Madrid, cansada, deprimida y agotada. Escribe torrencialmente anotaciones y reflexiones con destino a su diario personal, quizás como una forma de defenderse contra la adversidad.

Fuente: Wikispaces Classroom is now free, social, and easier than ever. Try it today.

Hoy se cumplen 124 años de su nacimiento.



TERESA DE LA PARRA 
(1889-1936) 

Teresa de la Parra es el nombre de pluma de Ana Teresa Parra Sanojo, nacida en París en 1889.

Sus padres descendían de la aristocracia criolla de la Caracas colonial que había hecho la Independencia. Al momento de nacer Ana Teresa, su padre sedesempeñaba como Cónsul general de Venezuela en Berlín, pero como tanto latinoamericano aristocrático de entonces, prefería vivir en París.

La familia regresa a Venezuela en el '91 para establecerse en su hacienda de caña de azúcar al sur de la capital. En 1898, cuando Ana Teresa tiene nueve años, su padre fallece de tuberculosis, lo cual provoca el traslado, en 1900, de su madre y los seis niños a España para vivir junto a unos parientes.

En Mislata, Valencia, pasarán la primera década del siglo. Ana Teresa ingresará como internada en un colegio de monjas del Sagrado Corazón, donde completará su educación formal en 1908. En 1910, a los veinte años, regresa con una hermana a Caracas, seguida después por su madre.

Ana Teresa vive en Caracas entre 1910 y 1923, años que corresponden al primer período de la dictadura de Juan Vicente Gómez (1909-1935). Son años de rápido desarrollo y consolidación de la industria petrolera local, cuando el país se transforma de principalmente agroexportador a petrolero (1926).

Es en estos años que Ana Teresa empieza a publicar, y en 1923, al abandonar a Venezuela para radicarse en Europa, lleva su primera novela terminada. Esta saldrá editada en París bajo su recién adquirido nombre de pluma «Teresa de la Parra». 

En septiembre del '24 aparece su novela feminista Ifigenia: Diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba, publicada y premiada por la Casa Editora Franco-Ibero-Americana. Su segunda y última novela, Las memorias de Mamá Blanca, también se publicará en París, cinco años más tarde, en 1929.

Entre 1924 y su muerte en 1936, la autora volverá tres veces a las Américas: la primera, por unos dos meses, a Caracas a finales de 1924, para arreglar los asuntos de una herencia que la permitirá vivir con independencia económica por el resto de su vida; la segunda, por unos meses entre los años '27 y '28, para dictar una conferencia en La Habana y visitar a su familia en Caracas, y la tercera, en 1930, a Bogotá y Baranquilla, Colombia, para dictar sus conocidas tres conferencias sobre «La importancia de la mujer americana durante la colonia, la conquista y la Independencia.» Durante el tercer viaje, es posible que ni hiciera escala en Venezuela, aunque sí lo hizo en Nueva York, La Habana y Panamá.

En Europa, vive principalmente en París, donde se mueve entre los altos círculos sociales de intelectuales y diplomáticos latinoamericanos y europeos. Trata, entre otros, con Alfonso Reyes, Gabriela Mistral y Miguel de Unamuno.
Viaja a Alemania, a Suiza, a la Italia de Mussolini, y a España. 

En 1927 se encuentra en París con la cubana Lydia Cabrera, a quien había conocido en 1924 durante su paso por La Habana. Con ella iniciará una amistad estrecha y profunda, que sólo terminará con la muerte de la venezolana nueve años después. En 1932, se le diagnostica tuberculosis, enfermedad contra la cual luchará hasta sucumbir. 

A partir de ese momento, pasará largos períodos en sanatorios, principalmente en Suiza y España. 
El 23 de abril de 1936, morirá en la Madrid del recién instalado Frente Popular la escritora feminista quien en materia política siempre había sido conservadora.

Después de su novela Memorias…, Teresa de la Parra deja de publicar, aunque trabajará por un tiempo en una biografía sentimental de Simón Bolívar. En 1931, inicia un diario íntimo, que se publicará, incompleto y póstumo, por primera vez, en 1982.

Durante sus años europeos, será una incansable escritora de cartas, muchas de las cuales se publicaron, también póstumamente.