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viernes, 5 de octubre de 2018

Natalicio 129 de Teresa de la Parra


5 de Octubre 1889
5 de Octubre 2018

"Yo creo, querido amigo, que sólo podemos ser felices dentro del misticismo".

Carta a Rafael Carías. Fechada en París, enero 16, 1931. Epistolario Íntimo, ed. cit.,p 123.

viernes, 10 de marzo de 2017

Testamento de Teresa de la Parra, editado por Hector Perez Marchelli.


  

24 marzo 1936. El notario Pla de Madrid se presentó en el apartamento sexto de la casa 18, en la Avenida de Pablo Iglesias para registrar el testamento de Teresa de la Parra Sanojo. Soltera, escritora, vecina de Paris, en el Boulevard de la Saussaye 1, Neuilly-sur-Seine, y con residencia accidental en Madrid, presentó pasaporte Nº 3068, expedido en Paris, 24 junio 1929. Manifestó encontrarse en buen estado de salud y deseaba otorgar testamento abierto:  Soy de nacionalidad venezolana, natural de Caracas, hija de don Rafael de la Parra, difunto y de doña Isabel Sanojo de Parra. Dejo a voluntad de mi madre y mi hermana doña Maria Parra [de Bunimovitch] todo lo concerniente a entierro, funeral y sufragios. Dispongo que ante todo se paguen mis deudas, especialmente la que tengo contraída con la señorita Lydia Cabrera, por la suma de Bs. 17000, proveniente de cantidades que recibí de ella con anterioridad según consta de recibo. Dicha deuda será satisfecha con la hipoteca que tengo a mi favor sobre una casa perteneciente a la sucesión Eraso según consta de los documentos que se hallan entre mis papeles. Recomiendo a mi madre y hermana entreguen a Lydia Cabrera los libros pertenecientes a Gonzalo Zaldumbide que se encuentran en la casa de mi hermana María, en Surennes, Francia, otros en la casa de mi hermana Isabel y otros dispersos en mi biblioteca. El inventario de ellos se encuentra entre mis papeles por lo que será fácil reunirlos y distinguirlos. Ruego se entregue con toda escrupulosidad a la sucesión de la señora Emilia Ybarra de Barrios Parejo, los bienes que vengo usufructuando. No me refiero naturalmente a los muebles destruidos por el uso y el tiempo sino a los inmuebles, objetos y joyas recibidos según inventario. Algunas joyas fueron transformadas por mí como consta en detalle en los inventarios que se encontrarán entre mis papeles. Si la sucesión de la señora Barrios Parejo estuviera dispuesta a vender a mi hermana Isabel los objetos de plata y otros que se encuentran en su poder sería para mí una satisfacción la continuidad de los mismos en mi hermana. Es mi voluntad establecer los siguientes legados: a mi madre doña Isabel Sanojo, un alfiler de amatista rodeado de perlas que me regaló la señora de Barrios Parejo. A mi hermana Elia Parra [Sanojo] de Salas una sortija de amatistas rodeada de perlas, también regalo que me hizo la señora de Barrios Parejo, deseando que a la muerte de mi hermana pase esta sortija a su hija, Maria Isabel Salas [Parra]. A mi cuñada Maria Parra [Salas] de Parra Sanojo un medallón de ónix negro y brillantes con cadena de perlas imitación, en agradecimiento por el interés que ha demostrado en la administración de mis bienes. A la señorita Lydia Cabrera, la sortija con cabuchón de esmeralda que llevo siempre puesta y como recuerdo personal mío y una pinza de brillantes, un collar de amatistas antiguo y un alfiler grande con piedras agua marina y zafiros blancos. El resto de sus joyas, cuyo inventario se encontrará entre mis papeles, deseo que se hagan tres lotes de valor aproximadamente igual que se sortearán y repartirán entre mis hermanas Isabel, Elia y María, rogando que de mutuo acuerdo escojan una de ellas y se la entreguen en mi nombre a mi cuñada la señora Luisa Amalia Penzini de Parra. A mi hermana doña Isabel Parra de Lanser los muebles, objetos y libros que se encuentran en la habitación que ocupé en su casa del Boulevard de la Saussaye, Neuilly-sur-Seine, rogándole que de acuerdo con Lydia Cabrera entregue a esta los libros que a la misma puedan interesarle especialmente los relacionados con la colección americanista. A mi hermana María, la propiedad literaria de las obras de que soy autora ya que deseo contribuir a la educación de los niños Parra Penizini y Bunimovitch Parra. En el remanente de todos mis bienes, derechos y acciones, instituyo por mi heredera universal en pleno dominio a mi hermana doña María Parra de Bunimovitch, sin perjuicio de la cantidad que como legítima materna atribuye la legislación venezolana a mi madre doña Isabel Sanojo a quien ruego acepte su porción legitimaria solamente en usufructo a fin de que a su fallecimiento se consolide el pleno dominio en mi hermana doña María a quien a tal efecto designo como nudo propietaria. Recomiendo muy especialmente a mi madre y hermana doña María que atiendan en lo posible y en la medida de sus medios a mi hermano Miguel deseando continúen pasándole la pensión mensual en la misma forma que ella lo viene realizando a fin de que no le falte esta ayuda para la educación de sus hijos siendo también mi deseo que al hacer aquella efectiva las cantidades por su sucesión les corresponda, empleen la cantidad que juzguen oportuno y a su libre discreción en algún negocio en el que se asocie mi hermano Miguel. También recomienda a su hermano Luis, no abandone y vele siempre por su hermano Miguel y no tome en consideración que no se le instituye legatario o heredero pues ello no es debido a su falta de cariño hacia él sino su consideración a su estimable situación económica, pero es mi voluntad que mi hermano Luis escoja como recuerdo mío una obra de mi biblioteca. Es mi voluntad que en pago o en parte de pago de cuanto pueda corresponder a mi madre se adjudique a ella la hipoteca a mi favor sobre cuatro acciones del Banco de Venezuela depositadas en el Banco Caracas, ascendente a unos Bs. 18000, cuyos comprobantes se encuentran en Neuilly-sur-Seine, en la casa de mi hermana la señora Lanser, así como las acciones y valores franceses que se encuentran depositados en el Comptoir d’ Escompte de Paris, agencia de la Avenida Mac-Mahon. Es asimismo mi voluntad que en pago o en parte de pago de cuanto corresponda a mi hermana María se le adjudiquen 30 letras por un valor aproximado de 700000 francos franceses los cuales se encuentran firmadas a mi favor por el señor Alfredo Lanser por sumas que este le adeuda como también el derecho a cobrar los intereses devengados por las cantidades que estas letras representan desde la fecha en que hubiesen dejado satisfacerse. Dichas letras se encuentran depositadas en casa del señor J. Bandelac. Igualmente se hará pago a su hermana María con cualquier suma y acciones que se hallen depositadas a mi nombre en la casa J. Bandelac y Compañía y con 140000 francos franceses que le pertenecen en la Compañía Cima de la que es propietario, socio o accionista su cuñado el señor Alfredo Lanser, según consta del contrato firmado por este que al efecto presentará su dicha hermana Maria de Bunimovitch. Nombro albacea, representante a todos efectos de mi herencia yacente, comisario y contador y partidor de mis bienes y herencia a don Isaac Bandelac, a quien confiero además las facultades generales que la legislación pueda otorgarle, las de reclamar, valores, frutos, rentas, créditos, depósitos, intereses y cuanto me corresponda cancelar hipotecas u otras garantías, cumplir y pagar cualesquiera obligaciones legítimas, administrar y vender durante la proindivisión de todos mis bienes, representarme en toda clase de asuntos, contratos o actos, ya sean públicos o privados, judiciales o extrajudiciales y delegar el cargo, pudiendo en consecuencia conferir poderes y revocarlos y practicar por si o por la persona que tenga a bien designar, las correspondientes operaciones de inventario y avalúo, liquidación, participación y adjudicación de los bienes y caudal relicto en la forma y términos exigidos por las leyes hasta dejarlas completamente ultimadas y protocolizadas en los registros de un notario público. Para el cumplimiento de mi encargo, prorrogo el término legal del albaceazgo por un año más, prohibiendo expresamente la intervención judicial de mi testamentaría. Finalmente, declaro que esta es mi última voluntad, y por tanto serán apócrifos y sin ningún valor ni efecto alguno todos los actos o disposiciones de última voluntad que apareciesen con fecha anterior al del presente documento.
 
 Fuente: Biblioteca Nacional, Caracas. 

sábado, 23 de abril de 2016

CHARLA: Teresa de la Parra, Ifigenia y el asteroide Lilith 1181 (video)




Eduardo Castellanos‎
LAEDBPDALA
La Astrología es demasiado buena 
para dejársela a los astrólogos.

A los 80 años de su deceso.

Fecha de nacimiento: 5 de octubre de 1889, París, Francia
Fecha de la muerte: 23 de abril de 1936, Madrid, España
Padres: Rafael Parra Hernáiz, Isabel Sanojo de Parra

ANA TERESA PARRA SANOJO - TERESA DE LA PARRA



ANA TERESA PARRA SANOJO
TERESA DE LA PARRA

Recordatorio a los 80 años de su deceso. 
23 de abril de 1936 - 23 de abril 2016

Frases y citas de Teresa de la Parra que perdurarán en el tiempo

“Tengo un alma profundamente naturista y adoro con ella la verdad sencilla de las cosas”. Ifigenia.

“Ya la Luna, lo sabía, me ha dicho compasiva: ¡No esperes a los muertos! Pero no he de cerrar mi balcón todavía”. Ifigenia.

¿No han ojeado ustedes nunca, al azar un diccionario? Se lo recomiendo. No hay nada más grato ni más reposante para el espíritu. Teresa de la Parra.
“Podría decirte muy severamente: “Vete y no peques más”, si no fuese porque juzgo imprudente anatemizar el pecado con demasiada violencia. Proscrito del mundo, su absoluta ausencia podría dejar tras él una aridez de desierto, pues, ¿qué valdría ya la vida sin la gracia del perdón y la indulgencia?”. Memorias de Mamá Blanca.

“Rumiante insaciable de las cartas, instantes de banquete, me pregunto asombrada qué fenómeno inesperado es este fenómeno fisiológico de la fidelidad. Viene de la misma fuente, quizás de donde brota el amor maternal porque es irrazonable animal, bastante estúpido y es el resultado de caricias, huellas de beso. Te repito, ¡no lo comprendo!” Carta de Teresa de la Parra a Gonzalo Zaldumbide, diciembre de 1924.

“A ti, dulce ausente, a cuya sombra propicia floreció poco a poco este libro. A aquella luz clarísima de tus ojos que para el caminar de la escritura lo alumbraron siempre de esperanza, y también a la paz blanca y fría de tus dos manos cruzadas que no habrán de hojearlo nunca, lo dedico”. Dedicatoria de Ifigenia.

“Los recuerdos no cambian es Ley de todo lo existente. Si nuestros muertos, los más íntimos, los más adorados, volviesen a nosotros después de muchos años de ausencia y arrasados los árboles viejos hallasen en nuestras almas jardines a la Inglesa y tapias de mampostería, es decir, otros afectos, otros gustos, otros intereses, doloridos nos contemplarían un instante y discretos, enjugándose las lágrimas, volverían a acostarse en sus sepulcros.” Memorias de Mamá Blanca.

“…Su alma desconocía el odio. Siendo casi del mundo de los vegetales, aceptaba sin quejarse, las inquinidades de los hombres y las injusticias de la naturaleza. Hundido en acequia o adherido a las lajas, zahiriendolo o no, seguía como buen vegetal dando impasible sus frutas y flores”. Memorias de Mamá Blanca.
“Mamá perseverante y evangelizadora, seguía prodigando sobre Vicente sus quejumbrosas amonestaciones, mientras el tiempito se prolongaba indefinidamente a través de todas las cosechas de café”. Memorias de Mamá Blanca.

lunes, 22 de febrero de 2016

VII Como el Judío Errante




VII Como el Judío Errante

Recibí su carta y el juicio crítico del Doctor Lisandro Alvarado tan erudito y filósofo como incomprensible. Mi juicio a su juicio fue esta exclamación llena naturalmente del respeto que me merece: Por qué no la escribía en griego de una vez? – No nos hubiéramos comprendido mutuamente, él por hablar demasiadas lenguas muertas;  yo,  por relatarlo todo en esta pobre lengua viva conque pedimos y comemos el pan nuestro de cada día. Así habríamos estados seguros de no debernos nada ninguno de los dos.

Continuo como el Judío Errante; pasé tres meses en París, ahora estoy en la Cote d´Azur , entre Cannes y Niza, con mamá y María.  Vine a bautizar a mi segundo ahijado el baby  de esta última; quien a pesar de estar presente no me ha hecho olvidar el ausente.

Tengo tan abandonada la literatura que no me traje de Paris varios juicios críticos sobre Ifigenia que pensaba remitirle. Va esta crónica literaria sobre Hispanoamérica que es interesante y en la cual me nombran. Si no se ha publicado en Caracas le agradecería la enviara al Universal.  

Mil besos a mi ahijado, muchos saludos a G. y a los niñitos y para usted los más afectuosos recuerdos de su sincera amiga,

Teresa

Juan-les Pins: Marzo 1 de 1926

VI La Alegre Vanidad de los Trapos



VI La Alegre Vanidad de los Trapos

   Desde mi llegada a París estaba por escribirles, pero los días que no pierden nunca su costumbre de correr como locos, me han traído hasta aquí con la manos ociosas; ni literatura, ni cartas, nada! 

Espero que hayan recibido mi libro, son ustedes (que lo tuvieron en sus brazos recién nacido) de los pocos amigos a quienes  lo he enviado.  Hasta ahora no puedo quejarme del éxito obtenido. No dejen de tenerme al corriente de cuanto comentario favorable ó desfavorable despierte en Caracas. En el fondo es el único público que verdaderamente me interesa. Lo demás es vanidad, y si en París me he apagado un tanto a la alegre vanidad delos trapos, cada día, en cambio me desapego más de la vanidad literaria.  La encuentro lúgubre, incomodad y llena de responsabilidades.  “Taches d´entre belle, et tais-toi”  que decía no sé quien, es actualmente mi regla de conducta. Desgraciadamente es difícil ser bella; pero me desquito con la segunda; callándome. Es por eso quizá que nada escribo.  

¿Cómo están los niños? Y los otros niños ?, es decir los negocios y proyectos de Carias?.  No saben que sinceramente les deseo toda alegría y toda prosperidad.

Espero con impaciencia sus cartas. Escríbame aquí, a París, al Vernet, o a la Legación que ya me enviarán la correspondencia donde me encuentre.

Reciban los afectuosos recuerdos de esta amiga muy sincera.


Teresa
París, julio 14, 1925. 

domingo, 21 de febrero de 2016

LA MITOLOGÍA CLÁSICA EN LA NOVELA I FIGENIA




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LA MITOLOGÍA CLÁSICA EN LA NOVELA I FIGENIA
DIARIO DE UNA SEÑORITA QUE ESCRIBIÓ PORQUE SE FASTIDIABA
DE TERESA DE LA PARRA

Mitos en la literatura española e hispanoamericana del siglo XX 
Madrid, Ediciones Clásicas, 2007

Cristina MARTÍN PUENTE

Universidad Complutense de Madrid 

1. INTRODUCCIÓN

Es destacable que precisamente una joven que conozca tan bien la filosofía sea condenada a no pensar y a no interesarse por la filosofía ni la literatura, quedándole reservada más bien la religión.Respecto a la Historia y la Historiografía Antiguas, en la novela aparecen los personajes de Nerón (pág. 117),Cleopatra y Semíramis (pág. 202). También María Eugenia habla de su amiga como su “ninfa Egeria” (“Cristina, miamiga del alma, mi modelo, mi ninfa Egeria, pertenecía a una clase de seres completamente anormales” pág. 327),evocando a la consejera que visitaba Numa Pompilio en un santuario cerca de Roma y le proponía las reformas(aunque no se sabe si era una diosa, una ninfa o su propia esposa). De ella hablan Tito Livio 1,19,5; 21,3 y Dionisiode Halicarnaso 2, 60, 5; 61, quienes creen que estas entrevistas eran una invención de Numa para que el puebloaceptara mejor los cambios pensando que procedían de los consejos de una divinidad

Otro pasaje puesto en bocade Tío Pancho (“Quisiera haber nacido en la época feliz de la Colonia, allá, cuando nuestras bisabuelas y tatarabue-las atravesaban las calles empedradas de Caracas en sillas de mano llevadas por dos esclavos que eran siemprefieles, negrísimos y robustos, porque no habían sido contaminados aún con los vicios y las pretensiones de la raza blanca.” pág. 52) nos trae a la memoria un pasaje de la Germania de Tácito

Por otro lado, la imagen de la quemade las naves, que en la novela sólo se le atribuye explícitamente a Hernán Cortés , también aparece en la biografíade Alejandro Magno y en la  Eneida , cuando las mujeres troyanas queman las naves para no continuar errando por los mares.La escultura griega aparece en dos ocasiones: “‘Los griegos amaban el desnudo porque eran hermosos...’ ¡Esteúltimo pensamiento acerca del desnudo en los griegos no es mío, éste sí lo he leído en un libro y te aseguro, tíaClara, que se quedará grabado en mi memoria como si estuviera grabado en bronce, porque resplandece de verdad yrebosa de lógica!” (pág. 195) y “Estás igual, pero igualita a la muchacha del cromo de las píldoras de Ros, eseanuncio que hay en la puerta de la botica de la esquina de casa, allá en Caracas...! (...) La observación de Peruchome resultó mil veces más interesante que si me hubiese comparado con la Venus de Milo , cosa que tal vez habríasonado a mis oídos como un lugar común incapaz de halagar mi vanidad.” (pág. 279).

“Buscando con la linterna de Diógenes” (pág. 135) y “Pero tío Pancho resolvió tomar a su cargo la causa de la Santa Pobreza y,reuniendo al espíritu de Diógenes el espíritu evangélico, decía: -¡El rico no existe! Casi, casi todos los ricos sin excepción son pobres, pobrísimos, y esa pobreza de los ricos es la más desgarradora porque no tiene remedio”. (pág. 235).

“Pero escondí la exclamación en el estoicismo de mi mansedumbre y de mi silencio”. (pág. 249). Con la filosofía estoica parecen relacionados varios pasajes, como por ejemplo: “en cuanto al tiempo gastado en el trayecto, eso no tenía la menor impor-tancia. Para nuestros bisabuelos lo mismo era llegar temprano que llegar tarde o que no llegar nunca. La manía de llegar esrelativamente moderna y el más terrible azote con que nos mortifica a todos la civilización.” (pág. 52). “El ayuno moral de losricos sería trágico como el hambre de Tántalo si no fuera porque en vez de trágico resulta grotesco. 

Sí; Tántalo tenía la concienciade su ayuno y sentía el dolor sublime del hambre, mientras que estos otros no; porque a éstos les es dado masticar y tragar, perono saborean, puesto que carecen en absoluto de paladar. Ellos ignoran su falta de paladar, no tienen la más remota noticia de sueterno ayuno y son horriblemente grotescos, porque en medio de su hartura es como si no hubieran probado todavía el primer  bocado. (...) los ricos trabajan demasiado. Están siempre cansados, debilitados y extenuados de tanto hacer llaves y cerrojos paraguardar su dinero ... Se creen además merecedores de las más encumbradas distinciones, y como su vanidad los fustiga sincompasión por ese camino de los honores se parecen también mucho a los caballos de carrera, cuando pasan rendidos y jadeantes,queriendo alcanzar a los que van ganadores. (págs. 236- 237). “El sufrimiento no está en la sola ausencia del bien, que es el casode tus ricos, sino que el sufrimiento estriba en la conciencia o conocimiento de esa ausencia del bien, lo cual es nuestro caso. Elque sufre sin comprenderlo no tiene padecimiento ninguno y es como el paciente a quien están operando dormido que nada sabede sus dolores, porque en aquel instante ha perdido la sensibilidad y la conciencia”. (pág. 238).

“San Jerónimo, quien, según parece, escribió horrores de la mujer.” (pág. 29). Por cierto de la Vulgata de San Jerónimo estátomada la frase “de profundis clamavi ad te Domine” (pág. 84).

Agradezco esta información a Mª Dolores Castro Jiménez.

“Concretamente éste: “Yo soy de la opinión de los que entienden que los Germanos nunca se juntaron en casamientos con otrasnaciones, y que así se han conservado puros y sencillos, semejantes sólo sí mismos. De donde procede que un número tan grandede gente tienen casi todos la misma disposición y talle, los ojos azules y fieros, los cabellos rubios, los cuerpos grandes y fuertessolamente para el primer ímpetu. No tienen el mismo sufrimiento en el trabajo y obras de él; no son sufridores de calor y sed,llevan bien el hambre y el frío, acostumbrados a la aspereza e inclemencia de tal suelo y cielo.” (Tácito
Germania IV).

“Pancho acabó al fin por sacarme de mi abstracción con este discurso original y un tanto paradójico:- ¡Reniego de los trasatlánticos que establecen comunicaciones con Europa! Creo que como Hernán Cortés, todos los conquista-dores debieron tomar la precaución de quemar sus naves inmediatamente después de desembarcar a fin de evitar cualquier tentativa de retorno. De este modo viviríamos aquí siempre contentos como viven las ranas de los charcos, que nunca están demal humor porque carecen del concepto “peor” y sobre todo del concepto “mejor”, fuente de casi todas las desgracias humanas”(págs. 51-52).


CONCLUSIONES

Tras haber analizado la novela Ifigenia. Diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba de Teresa dela Parra, se puede concluir que la autora tiene dos fuentes básicas de inspiración: la realidad social de su país (o deAmérica Latina en general) y, por otro lado, el argumento y los personajes de Ifigenia en Áulide de Eurípides, a laque quizá llegó, después de conocer alguna versión moderna, como por ejemplo la francesa de Racine, a través detraducciones, pues no sabía griego. Paradójicamente hay muchos elementos similares en la sociedad que retrata  Ifigenia y en la Grecia Clásica, pero, sobre todo, uno: el papel secundario de la mujer de clase alta, siempre al servi-cio de su dueño (padre, esposo, tío, etc.). Ya algunas escritoras occidentales antes de Teresa de la Parra habíantomado como protagonistas de sus obras a personajes femeninos de la mitología clásica para reescribir la historiamítica desde su perspectiva y de paso la historia contemporánea o la propia y muchas otras lo harían después, si biensuelen preferir las figuras de Penélope o Eurídice.Por lo que respecta a los personajes, María Eugenia tiene mucho de Ifigenia, incluso el cambio de actitud ante elsacrificio, aunque en una ocasión ella misma se identifica con Penélope. Tío Pancho recuerda al anciano y al corifeode
Ifigenia en Áulides, pues se opone al sacrificio e intenta avisar a Abuelita y a la propia María Eugenia de lo que vaa suceder, sin ningún éxito. Mercedes Galindo quiere para la protagonista, como Clitemnestra para Ifigenia, una buena boda. Ambas, al igual que Abuelita, son víctimas de malos matrimonios. Abuelita y Tía Clara, como Agame-nón, sienten amor por María Eugenia, pero representan un orden social que se impone. Tío Eduardo, como Mene-lao, sólo vela por sus propios intereses. El joven Gabriel Olmedo recuerda a Aquiles, y, como él, no es capaz deimpedir el sacrificio. César Leal puede considerarse la personificación de Ártemis, a quien se sacrificará la víctima, pero finalmente no le perdona la inmolación, y María Antonia, la esposa de su tío Eduardo, el sacerdote de la diosa.Hay algunos otros elementos de la mitología clásica dispersos por la obra con escaso significado en la estructurageneral. Sí tienen importancia la literatura y la filosofía (en particular las de la Antigüedad) a las que se refierenmúltiples pasajes, entre otras cosas, porque la protagonista disfruta especialmente con ellas, y su futuro esposo se las veta.


Fuente:



Reseña sobre "Ifigenia" de Teresa de la Parra





Autor: Carlos Balladares Castillo
Publicado en: Noticiero Digital y Analitica

Ifigenia o el sacrificio del feminismo

¿Fue Teresa de La Parra (1890-1936) una feminista? Si comprendemos por feminismo la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, se puede responder afirmativamente. Dicha afirmación se sostiene en la lectura: tanto de su novela “Ifigenia” (1924) como de sus tres conferencias sobre la “Influencia de las mujeres en la formación del alma americana” (1930). Textos que leímos en sus “Obras” editadas por Biblioteca Ayacucho en su segunda edición de 1991). En sus conferencias dirá que es una “feminista moderada” porque ciertamente; como María Eugenia Alonso, el personaje de su gran novela; posee una relación de amor-odio con la tradición colonial. Admira sus orígenes: es una “goda” (término que se usaba en el siglo XIX y principios del XX para referirse a los conservadores y/o a los descendientes de los mantuanos) pero sostiene que no debe haber más “sumisión” por parte de la mujer a esa cultura “pagana” que tiene al macho como un dios.

La tragedia de nuestra Ifigenia criolla de principios de siglo XX: es el vivir en una sociedad a medio camino entre la tradición y la modernidad, por tanto entre la naciente libertad femenina y la moral “goda”. A lo cual se suma el ser huérfana y pobre pero de clase alta, y por tanto dependiente de sus familiares con dinero. Esta realidad es la que la protagonista: María Eugenia Alonso (una joven que ha vivido y se ha emocionado con el hedonismo del París de la “Belle Époque”) llama “el Fastidio”. Su gran temor es vivir la monotonía de los que no tienen una meta, como lo son su “abuelita” (viuda) y la tía Clara (solterona), que pasan las horas bordando y rezando. La novela es su diario, el de una “señorita que escribió porque se fastidiaba”, y por medio de él nos cuenta sus intentos para salvarse de esta realidad y ser feliz. Al principio busca ser pianista como Teresa Carreño, pero no puede tocar el piano porque la abuelita se lo prohíbe porque están de luto; luego le queda la pasión del amor en el matrimonio, pero su enamorado (Gabriel Olmedo) termina casándose con una rica. Solo la lectura y la escritura de su diario la sirven de terapia, e incluso me atrevo a decir que es su verdadero medio de salvación y expresión de su protesta feminista.

A lo largo de la novela – la cual es bastante larga: más de 500 páginas – se describen un conjunto de personajes que ilustran la realidad de la Venezuela gomecista (los arribistas como el tío Eduardo), y especialmente la mentalidad positivista (el idealista tío Pancho, muy similar al tío Juancho de “Memorias de Mamá Blanca”). Para un historiador, Teresa de la Parra, es una maravillosa “cronista”; que nos demuestra como la Colonia no había muerto ni con la Independencia ni con los sucesos de nuestro largo siglo XIX. Nos relata el mundo de las clases altas y medias, sobretodo las primeras; en muy pocos momentos se refiere a los sectores populares (¡Qué mal que no vivió más tiempo para que nos regalara una novela de los olvidados, porque siempre demostró en sus escritos una veneración por ellos!). El racismo y el endoracismo aparece en muchos momentos (la criada Gregoria: - “¡Haberse acordado de su negra!… ¡de su negra fea!… ¡de su negra vieja!...” (pág. 36)), y siempre está la admiración por nuestra geografía tropical: “Me encanta el pedazo de Ávila que se mira a lo lejos por encima de la mata y los tejados” (pág. 88).

Al vivir su fracaso amoroso, María Eugenia Alonso, acepta relativamente su destino: el fastidio. Ser una mujer prisionera, desheredada, esclava, y tutelada por su familia. Su abuelita le buscará marido al permitirle “sentarse en la ventana” para que los jóvenes ricos la vean (“a la venta”) y le propongan matrimonio. De esa forma conoce al peor de los machistas: César Leal. Al igual que Ifigenia en Áulide es conformista ante el sacrificio, aunque vive un último momento de posible escape con un Gabriel Olmedo arrepentido. Nada, la tradición colonial se impone y el miedo la detiene… la autora no nos dirá el fin de la historia de la protagonista: ¿Se suicida, se queda solterona o se casa con el machista? Mi hipótesis, es lo que luego confirma Teresa de la Parra en sus tres conferencias: la maternidad es la única salvación y felicidad de la mujer en los tiempos del machismo. La mujer por esta vía logró el mestizaje entre las “razas” que se odiaban, logra la perpetuación de los “fundadores de la ciudad”.  

miércoles, 17 de febrero de 2016

Extractos de Teresa de la Parra



“Tengo un alma profundamente naturista y adoro con ella la verdad sencilla de las cosas”.  Ifigenia.

“Ya la Luna, lo sabía, me ha dicho compasiva: ¡No esperes a los muertos! Pero no he de cerrar mi balcón todavía”. Ifigenia.

¿No han ojeado ustedes nunca, al azar un diccionario? Se lo recomiendo. No hay nada más grato ni más reposante para el espíritu. Teresa de la Parra.


"Tanto mi madre como mi abuela pertenecían por su mentalidad y sus costumbres a los restos de la vieja sociedad colonial de Caracas" Teresa de la Parra.

“Podría decirte muy severamente: “Vete y no peques más”, si no fuese porque juzgo imprudente anatemizar el pecado con demasiada violencia. Proscrito del mundo, su absoluta ausencia podría dejar tras él una aridez de desierto, pues, ¿qué valdría ya la vida sin la gracia del perdón y la indulgencia?”. Memorias de Mamá Blanca.

“Rumiante insaciable de las cartas, instantes de banquete, me pregunto asombrada qué fenómeno inesperado es este fenómeno fisiológico de la fidelidad. Viene de la misma fuente, quizás de donde brota el amor maternal porque es irrazonable animal, bastante estúpido y es el resultado de caricias, huellas de beso. Te repito, ¡no lo comprendo!” Carta de Teresa de la Parra a Gonzalo Zaldumbide, diciembre de 1924.

“A ti, dulce ausente, a cuya sombra propicia floreció poco a poco este libro. A aquella luz clarísima de tus ojos que para el caminar de la escritura lo alumbraron siempre de esperanza, y también a la paz blanca y fría de tus dos manos cruzadas que no habrán de hojearlo nunca, lo dedico”. Dedicatoria de Ifigenia.

“Los recuerdos no cambian es Ley de todo lo existente. Si nuestros muertos, los más íntimos, los más adorados, volviesen a nosotros después de muchos años de ausencia y arrasados los árboles viejos hallasen en nuestras almas jardines a la Inglesa y tapias de mampostería, es decir, otros afectos, otros gustos, otros intereses, doloridos nos contemplarían un instante y discretos, enjugándose las lágrimas, volverían a acostarse en sus sepulcros.” Memorias de Mamá Blanca.

“…Su alma desconocía el odio. Siendo casi del mundo de los vegetales, aceptaba sin quejarse, las inquinidades de los hombres y las injusticias de la naturaleza. Hundido en acequia o adherido a las lajas, zahiriendolo o no, seguía como buen vegetal dando impasible sus frutas y flores”. Memorias de Mamá Blanca.

“Mamá perseverante y evangelizadora, seguía prodigando sobre Vicente sus quejumbrosas amonestaciones, mientras el tiempito se prolongaba indefinidamente a través de todas las cosechas de café”.  Memorias de Mamá Blanca.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Teresa de la Parra: una olvidada entre los libros



“El 23 de abril es un día simbólico para la literatura mundial ya que ese día en 1616 fallecieron Cervantes, Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega. La fecha también coincide con el nacimiento o la muerte de otros autores prominentes como Maurice Druon, Haldor K.Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla y Manuel Mejía Vallejo”. Así reza la introducción del mensaje de la Sra. Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, con motivo del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, que se celebra en todos los países miembros de la UNESCO desde el año 1995.

La verdad es que son muchos los escritores que nacieron o fallecieron un 23 de abril, pero siempre me ha llamado la atención que -a razón de esta importante celebración cultural- de alguna manera se ignore un nombre, que en el mundo de la literatura hispanoamericana tuvo un papel más que destacado: les estoy hablando de Teresa de la Parra. Es por ello que, en el marco de la celebración del Día Internacional del Libro, del Idioma y del Derecho de Autor, quisiera dedicarle unas líneas a esta importante escritora venezolana.

Ana Teresa Parra Sanojo nace en París, Francia, un 05 de octubre del año 1889 y aunque gran parte de su corta vida transcurrió en el extranjero, el legado de su obra demuestra que siempre sintió a Venezuela como su tierra amada.

Pocos años de su infancia los pasó en la patria de Bolívar, con el cual, por cierto, guardaba cierto grado de consanguinidad, ya que su tatarabuela (Teresa Jerez de Aristeguieta) era prima de El Libertador y a su vez madre del general Carlos Soublette. Entre los 2 y los 11 años vivió muy cerca de Caracas, en la hacienda El Tazón, y es probable que en estos años se forjara un lazo indisoluble con Venezuela, de donde se marcharía rumbo a España por la repentina muerte de su padre. Entre España y Francia se forjaría su educación y, por supuesto, su pasión por la literatura.

La obra de Ana Teresa Parra Sanojo comienza a hacerse pública a la edad de 26 años cuando sus primeros cuentos, de corte fantásticos, son publicados en algunas afamadas revistas parisinas, tales como Paris Time, Revue de L'Amérique Latine, entre otras. A raíz de tales publicaciones, diarios como El Universal y la revista Lectura Semanal se interesan por su obra y es así como comienza a publicar algunos de sus cuentos bajo el seudónimo de “Fru-Fru”. Entre éstos destacan Un evangelio indio: Buda y la leprosa y Flor de loto: una leyenda japonesa. Así mismo, se hacen públicos los cuentos fantásticos El ermitaño del reloj, El genio del pesacartas y La historia de la señorita grano de polvo, además de La bailarina del sol.

Lo anterior ocurrió entre los años 1915 y 1920. La mesa estaba servida para que Teresa de la Parra escribiera su obra Maestra: Ifigenia.

Ifigenia es considerada la primera gran novela venezolana, marcando así la madurez del género en las letras del país. Tiene, como contexto internacional, el fin de la Primera Guerra Mundial y es escrita como si fuera una especie de diario personal. Fue su primera obra publicada con el seudónimo de “Teresa de la Parra”, y trata, a grandes rasgos, el drama de la mujer frente a una sociedad que no le permite expresar sus ideas ni elegir su destino. Por esta obra, justamente, Ana Teresa Parra conquistó el primer lugar en un concurso literario en París, auspiciado por el Instituto Hispanoamericano de la Cultura Francesa, y se convierte en una de las escritoras más importantes de Latinoamérica.

Otra de sus más grandes obras, considerada un clásico de la literatura hispanoamericana, es Memorias de Mama Blanca, con la cual aborda el tema de la memoria, de la saga familiar, e ilustra el ambiente de su niñez, mostrando personajes y costumbres de la época, todo a través de una jovial anciana que cuenta sus travesuras infantiles.

La vida y obra de Teresa de la Parra son dignas de ser mencionadas a la hora de hablar de los autores que dan pie a la celebración del Día del Libro, del Idioma y del Derecho de Autor, sobre todo por lo que representó esta venezolana para la historia de la literatura hispanoamericana, cuando los hombres eran quienes dominaban, de alguna manera, esta disciplina intelectual. Tal vez la historia de Ifigenia continúa vigente en un mundo que todavía no reconoce, a carta cabal, el papel de la mujer en ciertas labores que históricamente han estado dominadas por los hombres. Es por ello que hoy queremos recordar a Ana Teresa Parra Sanojo, una olvidada entre los libros.

Por Américo Alvarado P



23 de abril: muere en Madrid Teresa de la Parra




Javier Vilchez

El 23 de abril de 1936, muere en Madrid, Ana Teresa Parra Sanojo, conocida como Teresa de la Parra, hija de Rafael Parra Hernández y de Isabel Sanojo, quien nació en París, Francia, el 5 de octubre de 1889. A lo siete años de edad, su familia la trae a Venezuela y viven en la hacienda Tazón, cerca de la urbanización caraqueña de Coche. Al morir su padre, dos años más tarde, es llevada a España. Su vocación literaria la manifestó desde muy joven, cuando escribía deliciosos cuentos bajo el seudónimo de Fru-Fru.

Al regresar a Venezuela, y en su Caracas afectiva se nutre de ingredientes que conformarán sus novelas. Con el seudónimo de Teresa de La Parra participa en un concurso de escritores americanos con la novela Ifigenia, en 1924.

La obra causó tal sensación que obtuvo el primer premio y es publicada por el Instituto Hispanoamericano de la Cultura de Francia. Ifigenia es la propia Teresa de La Parra, expresivamente feminista, con muchos años de adelanto a la época que le tocó vivir. Otra de las novelas perdurables de Teresa de La Parra es Memorias de Mamá Blanca, publicada en 1929.

De ella se han hecho tantas ediciones como de Ifigenia, y es de obligada lectura en nuestros días. Velia Bosch publicó, con motivo de cumplirse cincuenta años de la publicación de Memorias de Mamá Blanca, uno de los estudios más completos sobre la obra de Teresa de la Parra, bajo el título Esa Pobre Lengua Viva: relectura de la obra de Teresa de la Parra, sus restos fueron trasladados a Caracas en 1949 y reposan en el Panteón Nacional desde el 7 de noviembre de 1989.

viernes, 31 de julio de 2015

Los universos íntimos de Teresa de la Parra



Por Oneirú Caraballo para Literofilia

Antes de referirnos a cualquier otro asunto o detalle sobre su vida y obra, apremia decir que la escritora Teresa de la Parra (1889-1936) posee una prosa transparente con el tono singular de una conversación deliciosa. En sus textos la sensación de leer es reemplazada por un “sonido” sedoso que encierra al lector en un burbuja de una cadencia impecable, sutil y sofisticada. Sus obras son un cristal impoluto y su dicción literaria, inmejorable. En la figura intelectual de Teresa convergen las nacionalidades española, francesa y venezolana como un todo indisoluble.

Escribió tres cuentos fantásticos que se cree que datan del año 1915. Narraciones que hilvanan tres historias ambientadas en ese espacio aislado del mundo al que se le suele asignar el nombre de hogar, morada o habitación; tienen como títulos: El ermitaño del reloj, El genio del pesacartas y la Historia de la señorita grano de polvo, bailarina del sol. En ellas los objetos cotidianos cobran vida y virtudes y defectos humanos para animar un pequeño universo sobre  la mesa de un poeta, en el interior de un reloj, en el armario de un comedor o en el rayo de sol que se cuela en la alcoba de una dama. Son relatos cortos que poseen una candidez y una gracia inusual y concisa. Lo más parecido a pasear por un lugar indeterminado pero salvajemente ameno.

En El ermitaño del reloj; un pequeño monje capuchino, que cree ser parte imprescindible del mecanismo de un reloj de mesa, abandona una noche, su eterna tarea de tocar las horas del reloj –a instancias de una bella figurilla de la Reina de Saba– para conocer las magníficas historias de la vida de los objetos que habitan en las afueras de su pequeña “casa-reloj” y a su vez descubrir “que su trabajo y su sacrificio diario no eran sino de risa, casi, casi un escarnio público”.

El protagonista de El genio del pesacartas es un gnomo “de alambre, paño y piel de guante” que después de un sinnúmero de peripecias logra llegar a un puesto nunca antes alcanzado por uno de  su especie: ser “el genio del pesacartas sobre el escritorio de un poeta” y tal proeza llenó su personalidad de pedantería, soberbia y arrogancia hasta que un revés inesperado le hace perder para siempre su reinado sobre la superficie del escritorio.

En la “Historia de la señorita grano de polvo, bailarina del sol”, un muñeco de fieltro sostiene una placentera conversación  con su dueña, a la que le confiesa su intenso enamoramiento por una mota de polvo que una mañana observó flotando, con infinita gracia, en un rayo de sol que se filtraba por una ventana y que era un ser extraordinario que, según su ilusión, “como rostro no tenía ninguno propiamente hablando. Te diré que en realidad no poseía una firma precisa. Pero tomaba del sol con vertiginosa rapidez todos los rostros que yo hubiese podido soñar y que eran precisamente los mismos con que soñaba cuando pensaba en el amor”.

Estos tres cuentos sólo comprenden una parte de la producción temprana de Teresa de la Parra y son anteriores a la creación de su obra cumbre Ifigenia, pero en ellos ya se siente perfectamente el aroma por los universos íntimos, rebosantes de simplicidad y delicadeza que caracteriza la mayoría de sus obras. Las cuales dejan en el lector la sensación de un encierro cálido y confortable, sin nunca dejar de ser lugares provistos de rejas y candados invisibles.

En junio de 1923, Teresa de la Parra envió un larguísima carta a Juan Vicente Gómez –dictador supremo de Venezuela– demandándole ayuda monetaria para publicar su novela Ifigenia, diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba, y aunque no tuvo respuesta, en la actualidad el gesto nos puede llegar a parecer poco elegante, si ignoramos el contexto histórico que lo enmarca, pero sobre todo se puede considerar la prueba de la sólida confianza que tenía la escritora en el valor de su propia obra. Obra reducida y limitada por una tuberculosis pulmonar que acortó la vida de la autora a cuarenta y siete años que, sin embargo, abarca cuentos, novelas, ensayos, conferencias y diarios de viaje.

Ifigenia, su obra más importante y difundida fue publicada en 1926 en Francia. En ella lo que en la ficción y en la realidad se suele llamar “la moral y las buenas costumbres” quedan, ante el lector, grotescamente pintarrajeadas como las más absurdas de las cárceles mentales del ser humano, a través de la mirada rebosante de vitalidad de la protagonista principal. Ya que sólo desde su punto de vista se dibuja con maestría la concepción del mundo de los personajes que la rodean y del universo que los encierra. La frivolidad que ocupa gran parte del tiempo de la joven protagonista, incluye un significado más profundo y complejo: el mecanismo inconsciente que embellece lo absurdo de su entorno y, a su vez, la lucha inútil contra un destino inmerecido del que no podrá huir.

Muchos de los personajes de Teresa de la Parra son esclavos de un rumbo injusto, deambulan por universos íntimos, cerrados casi herméticamente al resto del mundo, atrapados en el ritmo monótono de un espacio doméstico casi deleitable.  Incluso su diario privado pocas veces se aleja de la intimidad de ese pequeño mundo para posar su mirada en la calle y sus alrededores. Sin embargo, el lector pasea muy a gusto por ese cosmos que se encierra con vanos y muros, en compañía de una prosa que jamás se empaña, porque el tono cadencioso de grata conversación en ningún momento aburre al lector, sino que acaricia su pensamiento con una acogedora habilidad.

(La obra completa de la escritora se encuentra reunida en un volumen editado por la Biblioteca Ayacucho, titulado, Teresa de la Parra: Obra (Narrativa, ensayos, cartas) Caracas, 1991.)

Fuente: http://literofilia.com/?p=7737

domingo, 19 de abril de 2015

Reseña sobre "Ifigenia" de Teresa de la Parra




Autor: Carlos Balladares Castillo
Publicado en: Noticiero Digital y Analítica

 Ifigenia o el sacrificio del feminismo

¿Fue Teresa de La Parra (1890-1936) una feminista? Si comprendemos por feminismo la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, se puede responder afirmativamente. Dicha afirmación se sostiene en la lectura: tanto de su novela “Ifigenia” (1924) como de sus tres conferencias sobre la “Influencia de las mujeres en la formación del alma americana” (1930). Textos que leímos en sus “Obras” editadas por Biblioteca Ayacucho en su segunda edición de 1991). En sus conferencias dirá que es una “feminista moderada” porque ciertamente; como María Eugenia Alonso, el personaje de su gran novela; posee una relación de amor-odio con la tradición colonial. Admira sus orígenes: es una “goda” (término que se usaba en el siglo XIX y principios del XX para referirse a los conservadores y/o a los descendientes de los mantuanos) pero sostiene que no debe haber más “sumisión” por parte de la mujer a esa cultura “pagana” que tiene al macho como un dios.

La tragedia de nuestra Ifigenia criolla de principios de siglo XX: es el vivir en una sociedad a medio camino entre la tradición y la modernidad, por tanto entre la naciente libertad femenina y la moral “goda”. A lo cual se suma el ser huérfana y pobre pero de clase alta, y por tanto dependiente de sus familiares con dinero. Esta realidad es la que la protagonista: María Eugenia Alonso (una joven que ha vivido y se ha emocionado con el hedonismo del París de la “Belle Époque”) llama “el Fastidio”. Su gran temor es vivir la monotonía de los que no tienen una meta, como lo son su “abuelita” (viuda) y la tía Clara (solterona), que pasan las horas bordando y rezando. La novela es su diario, el de una “señorita que escribió porque se fastidiaba”, y por medio de él nos cuenta sus intentos para salvarse de esta realidad y ser feliz. Al principio busca ser pianista como Teresa Carreño, pero no puede tocar el piano porque la abuelita se lo prohíbe porque están de luto; luego le queda la pasión del amor en el matrimonio, pero su enamorado (Gabriel Olmedo) termina casándose con una rica. Solo la lectura y la escritura de su diario la sirven de terapia, e incluso me atrevo a decir que es su verdadero medio de salvación y expresión de su protesta feminista.

A lo largo de la novela – la cual es bastante larga: más de 500 páginas – se describen un conjunto de personajes que ilustran la realidad de la Venezuela gomecista (los arribistas como el tío Eduardo), y especialmente la mentalidad positivista (el idealista tío Pancho, muy similar al tío Juancho de “Memorias de Mamá Blanca”). Para un historiador, Teresa de la Parra, es una maravillosa “cronista”; que nos demuestra como la Colonia no había muerto ni con la Independencia ni con los sucesos de nuestro largo siglo XIX. Nos relata el mundo de las clases altas y medias, sobretodo las primeras; en muy pocos momentos se refiere a los sectores populares (¡Qué mal que no vivió más tiempo para que nos regalara una novela de los olvidados, porque siempre demostró en sus escritos una veneración por ellos!). El racismo y el endoracismo aparece en muchos momentos (la criada Gregoria: - “¡Haberse acordado de su negra!… ¡de su negra fea!… ¡de su negra vieja!...” (pág. 36)), y siempre está la admiración por nuestra geografía tropical: “Me encanta el pedazo de Ávila que se mira a lo lejos por encima de la mata y los tejados” (pág. 88).

Al vivir su fracaso amoroso, María Eugenia Alonso, acepta relativamente su destino: el fastidio. Ser una mujer prisionera, desheredada, esclava, y tutelada por su familia. Su abuelita le buscará marido al permitirle “sentarse en la ventana” para que los jóvenes ricos la vean (“a la venta”) y le propongan matrimonio. De esa forma conoce al peor de los machistas: César Leal. Al igual que Ifigenia en Áulide es conformista ante el sacrificio, aunque vive un último momento de posible escape con un Gabriel Olmedo arrepentido. Nada, la tradición colonial se impone y el miedo la detiene… la autora no nos dirá el fin de la historia de la protagonista: ¿Se suicida, se queda solterona o se casa con el machista? Mi hipótesis, es lo que luego confirma Teresa de la Parra en sus tres conferencias: la maternidad es la única salvación y felicidad de la mujer en los tiempos del machismo. La mujer por esta vía logró el mestizaje entre las “razas” que se odiaban, logra la perpetuación de los “fundadores de la ciudad”.  

Fuente: http://venezuelaysuhistoria.blogspot.com/2013/07/resena-sobre-ifigenia-de-teresa-de-la.html

Eterna señorita de oro, Teresa de la Parra




Eterna señorita de oro, Teresa de la Parra

Fátima Durand 6 octubre, 2014 Cultura
“-… Así, aparecía, tan pronto rubia como el reflejo de un cobre, tan pronto pálida y gris como la luz del crepúsculo, ya oscura y misteriosa como la noche. Era a la vez suave como el terciopelo, loca como la arena en el viento, pérfida como el ápice de espuma al borde de una ola que se rompe. Era mil y mil cosas más rápido que mis palabras no lograban seguir sus metamorfosis.

-Soy la señorita Grano de Polvo, bailarina del Sol. Sé demasiado que mi alcurnia no es de las más brillantes. Nací en una grieta del piso y nunca he vuelto a mi madre”.

Así con líneas de un cuento escrito por Ana Teresa Parra Sanojo, ilustre escritora venezolana, quien durante su época y aún en nuestros tiempos es ejemplo de la mujer culta e independiente se inicia esta biografía a los 125 de su natalicio.

Como comúnmente se conoce, Teresa de la Parra fue una escritora venezolana, autora de diversos cuentos como “la señorita grano de polvo, bailarina del sol” y novelas como “Ifigenia” que relataban la Venezuela de la época y la situación en la que se encontraba la mujer del siglo XX. También es reconocida por la exitosa novela “Memorias de mamá Blanca”, clásico de la literatura hispanoamericana que describe una Venezuela que llevaba consigo cambios políticos y económicos.

El seudónimo de la escritora, con el que se catapultó como una literata de las letras universales, proviene de la fuerza que impregnaba el nombre de Teresa, como un símbolo entre las mujeres de su familia, su tatarabuela Teresa Jerez de Aristiguieta, prima del Libertador Simón Bolívar y madre del general Carlos Soublette, fue la primera en llevar el nombre.

Ana Teresa nació un 05 de octubre de 1889 en la ciudad de París, Francia y fallece en la ciudad de Madrid, España a sus 47 años de edad. De padres venezolanos y familia aristocrática vive su infancia en Caracas.

En 1924 regresa a París, donde gana el premio del Instituto Hispanoamericano de Cultura Francesa con su novela Ifigenia. En 1927 presentó en Cuba una ponencia titulada “Influencia de las mujeres en el continente y en la vida de Bolívar”, en la Conferencia Interamericana de Perioteresa_de_la_parradistas. En 1928 publica su segunda novela, Memorias de mamá Blanca.

Teresa de la Parra fue una mujer que destacó por su larga trayectoria como escritora y demostró que el estar en la casa no era el único oficio de una mujer. El arte, la literatura, la prensa también eran oficios que una mujer podía desempeñar. 

Por eso sus publicaciones se vieron en distintas revistas francesas como París Time, Revue de L’Amérique Latine y otras más. Posteriormente sus relatos aparecen en el diario venezolano El Universal y en la revista Lectura Semanal, 

En 1920 publica en la revista Actualidades, dirigida por Rómulo Gallegos, su “Diario de una caraqueña por el Lejano Oriente”.

La brillante escritora cosecha toda una vida de éxitos y es aclamada tanto en Europa como en Latinoamérica, pero su larga vida de cuentos y letras culmina cuando le es detectada una tuberculosis. La mala situación que antecede a la segunda guerra mundial no es de gran ayuda para su salud y finalmente fallece.

Actualmente los restos de esta mujer, que con sus letras dio a conocer a Venezuela en todo el mundo, se encuentran en el Panteón Nacional de Caracas, desde el año 1989.

Fuente: http://www.tinterodigital.com/eterna-senorita-de-oro-teresa-de-la-parra/

lunes, 13 de abril de 2015

Parra, Teresa de la (1889-1936).




Una de las más importantes escritoras venezolanas. Nació en París en 1889 y murió en Madrid, el 23 de abril de 1936. Hija de Rafael Parra Hernáiz, Cónsul de Venezuela en Berlín y de Isabel Sanojo Ezpelosín.

En 1891 regresa, junto a su familia, a Venezuela y pasa una temporada en la hacienda de caña Tazón, hasta la muerte de su padre. Su familia, madre y hermanos, viajan a España y viven en Valencia en casa de unos familiares maternos.

En 1902, Teresa de la Parra es inscrita en el Colegio internado de religiosas "Sagrado Corazón", de Valencia, España, donde inicia sus estudios de primaria. En 1908, publica sus primeros versos en el Boletín de la Escuela. Estos versos le merecieron su primer premio escolar.

En 1909 regresa a Caracas. Pasa una temporada en casa de la familia Reyes de Sucre. Es su primer contacto con una Caracas apacible y semicolonial, que muy probablemente influyeron en su posterior novela Ifigenia.

En 1915 aparecen publicados en El Universal, bajo el seudónimo de Frufrú, sus primeros cuentos. Son de este época: Un evangelio indio: Buda y la leprosa; Flor de loto: una leyenda japonesa; El ermitaño y el reloj; El genio del pesacartas e Historia de la señorita grano de polvo, bailarina del sol. Cinco años después, en 1920, la revista Actualidades, dirigida por Rómulo Gallegos, publica su Diario de una caraqueña por el lejano oriente, una novela corta escrita por Teresa a través de las cartas que su hermana María le enviara de sus viajes.

En 1922, con su cuento Mamá X, gana el Premio Extraordinario en el concurso El Cuento Nacional, del periódico El Luchador de Ciudad Bolívar. Posteriormente este cuento fue integrado a su: Diario de una señorita se fastidiaba. En 1922, la revista La lectura semanal, dirigida por José Rafael Pocaterra, publica dicho diario.

En 1923 regresa a París y establece importantes relaciones con diplomáticos y escritores latinoamericanos como: Simón Barceló, Zérega Fombona, Ventura García Calderón y Gonzalo Zaldumbide, entre otros.

Al año siguiente, 1924, muere su gran amiga Emilia Ibarra de Barrios Parejo, y Teresa cae en una gran depresión. En ese mismo año aparece la primera edición en español de su novela Ifigenia, y gana con esta publicación el Premio Anual de la Casa Editora Franco-Ibero-Americana de París.

En 1926, aparece la primera edición en francés de Journal d'une demoiselle qui s'ennuie, con prólogo de Francis de Miomandre, publicada por la colección Les Amis d'Edouard de París y empieza a escribir su segunda novela Las Memoria de Mamá Blanca.

En 1927, prepara la segunda edición, corregida y ampliada de Ifigenia. Fue invitada al Congreso de la Prensa Latina en La Habana, Cuba. Dos años después, apareció sus Memorias de Mamá Blanca, en español y francés. Ese mismo año se solidifica su profunda amistad con la escritora cubana Lydia Cabrera y viaja por Italia en su compañía.

En 1930, invitada a Colombia, dictó sus tres conferencias tituladas: La importancia de la mujer en la formación del alma americana. Posteriormente en 1961, Arturo Uslar Pietri publicó estas conferencias bajo el título: Tres conferencias inéditas.

En 1931, inició su proyecto de escribir una biografía sobre Bolívar. También en este año comienzan los síntomas de su enfermedad. Al año siguiente se le diagnóstica una lesión pulmonar, y cae en una profunda depresión. Los años siguientes transcurrieron entre mejorías y decaídas de la enfermedad y se dedica única y exclusivamente a la escritura de su diario.

En 1936 se interna en un sanatorio para tuberculosos en la Sierra de Guadarrama, Fuenfría, España. Regresa a Madrid y muere en esa ciudad el 23 de abril, en compañía de su madre y de Lydia Cabrera.

En 1947 sus restos son trasladados a Caracas y reposan en el Panteón de la familia Parra Sanojo.