Vistas de página en total
Mostrando entradas con la etiqueta Ana Teresa Parra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ana Teresa Parra. Mostrar todas las entradas
viernes, 5 de octubre de 2018
Natalicio 129 de Teresa de la Parra
5 de Octubre 1889
5 de Octubre 2018
"Yo creo, querido amigo, que sólo podemos ser felices dentro del misticismo".
Carta a Rafael Carías. Fechada en París, enero 16, 1931. Epistolario Íntimo, ed. cit.,p 123.
domingo, 21 de febrero de 2016
Reseña sobre "Ifigenia" de Teresa de la Parra
Autor: Carlos Balladares Castillo
Publicado en: Noticiero Digital y Analitica
Ifigenia o el sacrificio del feminismo
¿Fue Teresa de La Parra (1890-1936) una feminista? Si comprendemos por feminismo la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, se puede responder afirmativamente. Dicha afirmación se sostiene en la lectura: tanto de su novela “Ifigenia” (1924) como de sus tres conferencias sobre la “Influencia de las mujeres en la formación del alma americana” (1930). Textos que leímos en sus “Obras” editadas por Biblioteca Ayacucho en su segunda edición de 1991). En sus conferencias dirá que es una “feminista moderada” porque ciertamente; como María Eugenia Alonso, el personaje de su gran novela; posee una relación de amor-odio con la tradición colonial. Admira sus orígenes: es una “goda” (término que se usaba en el siglo XIX y principios del XX para referirse a los conservadores y/o a los descendientes de los mantuanos) pero sostiene que no debe haber más “sumisión” por parte de la mujer a esa cultura “pagana” que tiene al macho como un dios.
La tragedia de nuestra Ifigenia criolla de principios de siglo XX: es el vivir en una sociedad a medio camino entre la tradición y la modernidad, por tanto entre la naciente libertad femenina y la moral “goda”. A lo cual se suma el ser huérfana y pobre pero de clase alta, y por tanto dependiente de sus familiares con dinero. Esta realidad es la que la protagonista: María Eugenia Alonso (una joven que ha vivido y se ha emocionado con el hedonismo del París de la “Belle Époque”) llama “el Fastidio”. Su gran temor es vivir la monotonía de los que no tienen una meta, como lo son su “abuelita” (viuda) y la tía Clara (solterona), que pasan las horas bordando y rezando. La novela es su diario, el de una “señorita que escribió porque se fastidiaba”, y por medio de él nos cuenta sus intentos para salvarse de esta realidad y ser feliz. Al principio busca ser pianista como Teresa Carreño, pero no puede tocar el piano porque la abuelita se lo prohíbe porque están de luto; luego le queda la pasión del amor en el matrimonio, pero su enamorado (Gabriel Olmedo) termina casándose con una rica. Solo la lectura y la escritura de su diario la sirven de terapia, e incluso me atrevo a decir que es su verdadero medio de salvación y expresión de su protesta feminista.
A lo largo de la novela – la cual es bastante larga: más de 500 páginas – se describen un conjunto de personajes que ilustran la realidad de la Venezuela gomecista (los arribistas como el tío Eduardo), y especialmente la mentalidad positivista (el idealista tío Pancho, muy similar al tío Juancho de “Memorias de Mamá Blanca”). Para un historiador, Teresa de la Parra, es una maravillosa “cronista”; que nos demuestra como la Colonia no había muerto ni con la Independencia ni con los sucesos de nuestro largo siglo XIX. Nos relata el mundo de las clases altas y medias, sobretodo las primeras; en muy pocos momentos se refiere a los sectores populares (¡Qué mal que no vivió más tiempo para que nos regalara una novela de los olvidados, porque siempre demostró en sus escritos una veneración por ellos!). El racismo y el endoracismo aparece en muchos momentos (la criada Gregoria: - “¡Haberse acordado de su negra!… ¡de su negra fea!… ¡de su negra vieja!...” (pág. 36)), y siempre está la admiración por nuestra geografía tropical: “Me encanta el pedazo de Ávila que se mira a lo lejos por encima de la mata y los tejados” (pág. 88).
Al vivir su fracaso amoroso, María Eugenia Alonso, acepta relativamente su destino: el fastidio. Ser una mujer prisionera, desheredada, esclava, y tutelada por su familia. Su abuelita le buscará marido al permitirle “sentarse en la ventana” para que los jóvenes ricos la vean (“a la venta”) y le propongan matrimonio. De esa forma conoce al peor de los machistas: César Leal. Al igual que Ifigenia en Áulide es conformista ante el sacrificio, aunque vive un último momento de posible escape con un Gabriel Olmedo arrepentido. Nada, la tradición colonial se impone y el miedo la detiene… la autora no nos dirá el fin de la historia de la protagonista: ¿Se suicida, se queda solterona o se casa con el machista? Mi hipótesis, es lo que luego confirma Teresa de la Parra en sus tres conferencias: la maternidad es la única salvación y felicidad de la mujer en los tiempos del machismo. La mujer por esta vía logró el mestizaje entre las “razas” que se odiaban, logra la perpetuación de los “fundadores de la ciudad”.
miércoles, 17 de febrero de 2016
Teresa de la Parra: ¿La primera feminista venezolana?
Para sorpresa de muchos, Teresa de la Parra era un seudónimo utilizado por la escritora Ana Teresa Parra Sanojo, una venezolana nacida en París, Francia, hacia el año 1889. Hija del diplomático Rafael Parra Hernaiz e Isabel Sanojo Ezpelosim de Parra. Creció en el seno de una familia de 6 hijos, que en 1891 retornaría a vivir en Venezuela, en la flamante hacienda de “El Tazón”, próxima a la ciudad de Caracas.
Esta escritora causó revuelo en la sociedad caraqueña de principios del siglo XX al oponerse a rol de la mujer de la época, defender el feminismo “moderado” y criticar e ironizar sobre la cultura de la “aristocracia” venezolana. Conmemorando el 126 aniversario de su nacimiento, un 5 de octubre, El Cambur presenta una lista con las curiosidades de la vida de esta gran mujer:
1.) Eligió el seudónimo de Teresa pues este nombre era una costumbre en su línea familiar, desde su tatarabuela, Teresa Jerez de Aristiguieta, prima de Simón Bolívar y madre de Carlos Soublette, presidente encargado de la República de Venezuela, en virtud de la renuncia de José María Vargas, en 1834, y presidente electo en 1843.
2.) Criticó a una sociedad caraqueña, profundamente patriarcal, que reducía a la mujer al único rol de esposa sumisa. Para la escritora venezolana, la mujer debía ser sana, fuerte, trabajar para ganarse su sustento y ser independiente de los hombres, lo que le hizo parte de la comidilla y chismes de la Caracas de la época, hasta el punto que los académicos y críticos venezolanos, profundamente conservadores y de órigenes “nobles”, consideraron su primera novela, Ifigenia, como “volteriana, pérfida y peligrosísima en manos de las señoritas contemporáneas”.
3.) En 1927, visitó la Habana, Cuba, invitada para dictar una charla sobre el Libertador, Simón Bolívar. El tema de su disertación fue “La influencia oculta de las mujeres en el Continente y en la vida de Bolívar”, con la cual empezaba sus tesis de la importancia del rol femenino en lo que se consideraba, hasta ese momento, una gesta de “hombres”. En ese viaje conoció a la antropóloga y escritora cubana Lydia Cabrera, su amiga en temáticas, letras, y quien le acompaño hasta el momento de su muerte.Ifigenia, primera novela de Ana Teresa Parra
4.) En 1931 viajó a Bogotá y Barranquilla con unas conferencias en las que profundizaba el heroísmo femenino. En ese momento su exposición se basó en “Influencia de las Mujeres en la formación del alma americana, en la época de la Conquista, de la Colonia y de la Guerra de Independencia” con la cual prosiguió con la desmitificación del rol sumiso de la mujer. Estas conferencias no serían publicadas sino hasta 1962.
5.) Su primera novela, Ifigenia, se llamó realmente “Diario de una señorita que se fastidia”, se publicó primeramente en 1924. Luego acogió el nombre del personaje de la mitología griega, primera hija del rey Agamenón, que significa“mujer fuerte”. La protagonista de la historia es María Eugenia Alonso, una joven de sociedad que debe volver de Europa a Caracas, empobrecida y condenada al enclaustramiento por su familia puritana, religiosa y convencional. Ella quisiera trabajar y estudiar, para poder liberarse, pero entonces debe enfrentarse a los estándares de la sociedad. Esta novela es considerada la primera novela moderna venezolana, y la primera que explora la liberación de la mujer ante una sociedad provincial.
6.) Su segunda novela, Memorias de Mamá Blanca (1929), es un lienzo en prosa de la Venezuela de principios del siglo XX. Sus personajes caricaturizan a los políticos, los campesinos, los ganaderos, la mujer, y el paso de una sociedad que cada vez deja de ser más rural para transcurrir hacia lo urbano.
7.) Teresa de la Parra fue una ávida periodista, articulista y cuentista en las revistas y periódicos de la época, y fue elogiada y publicada por escritores venezolanos de la categoría de Rómulo Gallegos y José Rafael Pocaterra, y el historiador Vicente Lecuna. En el extranjero se codeó y tuvo una gran amistad con personas de la talla de Miguel Unamuno, Gabriela Mistral, Gerardo Zandulbide, y el poeta Juan Ramón Jiménez. Este le haría un elegía un mes después de su muerte.
8.) Murió rodeada de su madre, hermanas y su amiga Lydia Cabrera, víctima de una tuberculosis que se le hizo patente en 1931. 5 años luchó contra la enfermedad, y en 1936 fue enterrada en el camposantode la Almudena en Madrid. 11 años más tardes sus restos se trasladaron al panteón familiar, en el Cementerio General del Sur.
9.) Con motivo del centenario de su nacimiento, en 1989, sus restos se trasladaron al Panteón Nacional.
Fuente: http://www.elcambur.com.ve/identidades/teresa-de-la-parra-la-primera-feminista-venezolana
Extractos de Teresa de la Parra
“Tengo un alma profundamente naturista y adoro con ella la verdad sencilla de las cosas”. Ifigenia.
“Ya la Luna, lo sabía, me ha dicho compasiva: ¡No esperes a los muertos! Pero no he de cerrar mi balcón todavía”. Ifigenia.
¿No han ojeado ustedes nunca, al azar un diccionario? Se lo recomiendo. No hay nada más grato ni más reposante para el espíritu. Teresa de la Parra.
"Tanto mi madre como mi abuela pertenecían por su mentalidad y sus costumbres a los restos de la vieja sociedad colonial de Caracas" Teresa de la Parra.
“Podría decirte muy severamente: “Vete y no peques más”, si no fuese porque juzgo imprudente anatemizar el pecado con demasiada violencia. Proscrito del mundo, su absoluta ausencia podría dejar tras él una aridez de desierto, pues, ¿qué valdría ya la vida sin la gracia del perdón y la indulgencia?”. Memorias de Mamá Blanca.
“Rumiante insaciable de las cartas, instantes de banquete, me pregunto asombrada qué fenómeno inesperado es este fenómeno fisiológico de la fidelidad. Viene de la misma fuente, quizás de donde brota el amor maternal porque es irrazonable animal, bastante estúpido y es el resultado de caricias, huellas de beso. Te repito, ¡no lo comprendo!” Carta de Teresa de la Parra a Gonzalo Zaldumbide, diciembre de 1924.
“A ti, dulce ausente, a cuya sombra propicia floreció poco a poco este libro. A aquella luz clarísima de tus ojos que para el caminar de la escritura lo alumbraron siempre de esperanza, y también a la paz blanca y fría de tus dos manos cruzadas que no habrán de hojearlo nunca, lo dedico”. Dedicatoria de Ifigenia.
“Los recuerdos no cambian es Ley de todo lo existente. Si nuestros muertos, los más íntimos, los más adorados, volviesen a nosotros después de muchos años de ausencia y arrasados los árboles viejos hallasen en nuestras almas jardines a la Inglesa y tapias de mampostería, es decir, otros afectos, otros gustos, otros intereses, doloridos nos contemplarían un instante y discretos, enjugándose las lágrimas, volverían a acostarse en sus sepulcros.” Memorias de Mamá Blanca.
“…Su alma desconocía el odio. Siendo casi del mundo de los vegetales, aceptaba sin quejarse, las inquinidades de los hombres y las injusticias de la naturaleza. Hundido en acequia o adherido a las lajas, zahiriendolo o no, seguía como buen vegetal dando impasible sus frutas y flores”. Memorias de Mamá Blanca.
“Mamá perseverante y evangelizadora, seguía prodigando sobre Vicente sus quejumbrosas amonestaciones, mientras el tiempito se prolongaba indefinidamente a través de todas las cosechas de café”. Memorias de Mamá Blanca.
Etiquetas:
Ana Teresa Parra,
Ana teresa Parra Sanojo,
Escritora Venezolana,
Escritoras latinoamericanas,
Frases,
Novela,
Venezolana,
Venezuela
sábado, 28 de noviembre de 2015
Teresa de la Parra: una olvidada entre los libros
“El 23 de abril es un día simbólico para la literatura mundial ya que ese día en 1616 fallecieron Cervantes, Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega. La fecha también coincide con el nacimiento o la muerte de otros autores prominentes como Maurice Druon, Haldor K.Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla y Manuel Mejía Vallejo”. Así reza la introducción del mensaje de la Sra. Irina Bokova, Directora General de la UNESCO, con motivo del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, que se celebra en todos los países miembros de la UNESCO desde el año 1995.
La verdad es que son muchos los escritores que nacieron o fallecieron un 23 de abril, pero siempre me ha llamado la atención que -a razón de esta importante celebración cultural- de alguna manera se ignore un nombre, que en el mundo de la literatura hispanoamericana tuvo un papel más que destacado: les estoy hablando de Teresa de la Parra. Es por ello que, en el marco de la celebración del Día Internacional del Libro, del Idioma y del Derecho de Autor, quisiera dedicarle unas líneas a esta importante escritora venezolana.
Ana Teresa Parra Sanojo nace en París, Francia, un 05 de octubre del año 1889 y aunque gran parte de su corta vida transcurrió en el extranjero, el legado de su obra demuestra que siempre sintió a Venezuela como su tierra amada.
Pocos años de su infancia los pasó en la patria de Bolívar, con el cual, por cierto, guardaba cierto grado de consanguinidad, ya que su tatarabuela (Teresa Jerez de Aristeguieta) era prima de El Libertador y a su vez madre del general Carlos Soublette. Entre los 2 y los 11 años vivió muy cerca de Caracas, en la hacienda El Tazón, y es probable que en estos años se forjara un lazo indisoluble con Venezuela, de donde se marcharía rumbo a España por la repentina muerte de su padre. Entre España y Francia se forjaría su educación y, por supuesto, su pasión por la literatura.
La obra de Ana Teresa Parra Sanojo comienza a hacerse pública a la edad de 26 años cuando sus primeros cuentos, de corte fantásticos, son publicados en algunas afamadas revistas parisinas, tales como Paris Time, Revue de L'Amérique Latine, entre otras. A raíz de tales publicaciones, diarios como El Universal y la revista Lectura Semanal se interesan por su obra y es así como comienza a publicar algunos de sus cuentos bajo el seudónimo de “Fru-Fru”. Entre éstos destacan Un evangelio indio: Buda y la leprosa y Flor de loto: una leyenda japonesa. Así mismo, se hacen públicos los cuentos fantásticos El ermitaño del reloj, El genio del pesacartas y La historia de la señorita grano de polvo, además de La bailarina del sol.
Lo anterior ocurrió entre los años 1915 y 1920. La mesa estaba servida para que Teresa de la Parra escribiera su obra Maestra: Ifigenia.
Ifigenia es considerada la primera gran novela venezolana, marcando así la madurez del género en las letras del país. Tiene, como contexto internacional, el fin de la Primera Guerra Mundial y es escrita como si fuera una especie de diario personal. Fue su primera obra publicada con el seudónimo de “Teresa de la Parra”, y trata, a grandes rasgos, el drama de la mujer frente a una sociedad que no le permite expresar sus ideas ni elegir su destino. Por esta obra, justamente, Ana Teresa Parra conquistó el primer lugar en un concurso literario en París, auspiciado por el Instituto Hispanoamericano de la Cultura Francesa, y se convierte en una de las escritoras más importantes de Latinoamérica.
Otra de sus más grandes obras, considerada un clásico de la literatura hispanoamericana, es Memorias de Mama Blanca, con la cual aborda el tema de la memoria, de la saga familiar, e ilustra el ambiente de su niñez, mostrando personajes y costumbres de la época, todo a través de una jovial anciana que cuenta sus travesuras infantiles.
La vida y obra de Teresa de la Parra son dignas de ser mencionadas a la hora de hablar de los autores que dan pie a la celebración del Día del Libro, del Idioma y del Derecho de Autor, sobre todo por lo que representó esta venezolana para la historia de la literatura hispanoamericana, cuando los hombres eran quienes dominaban, de alguna manera, esta disciplina intelectual. Tal vez la historia de Ifigenia continúa vigente en un mundo que todavía no reconoce, a carta cabal, el papel de la mujer en ciertas labores que históricamente han estado dominadas por los hombres. Es por ello que hoy queremos recordar a Ana Teresa Parra Sanojo, una olvidada entre los libros.
Por Américo Alvarado P
23 de abril: muere en Madrid Teresa de la Parra
Javier Vilchez
El 23 de abril de 1936, muere en Madrid, Ana Teresa Parra Sanojo, conocida como Teresa de la Parra, hija de Rafael Parra Hernández y de Isabel Sanojo, quien nació en París, Francia, el 5 de octubre de 1889. A lo siete años de edad, su familia la trae a Venezuela y viven en la hacienda Tazón, cerca de la urbanización caraqueña de Coche. Al morir su padre, dos años más tarde, es llevada a España. Su vocación literaria la manifestó desde muy joven, cuando escribía deliciosos cuentos bajo el seudónimo de Fru-Fru.
Al regresar a Venezuela, y en su Caracas afectiva se nutre de ingredientes que conformarán sus novelas. Con el seudónimo de Teresa de La Parra participa en un concurso de escritores americanos con la novela Ifigenia, en 1924.
La obra causó tal sensación que obtuvo el primer premio y es publicada por el Instituto Hispanoamericano de la Cultura de Francia. Ifigenia es la propia Teresa de La Parra, expresivamente feminista, con muchos años de adelanto a la época que le tocó vivir. Otra de las novelas perdurables de Teresa de La Parra es Memorias de Mamá Blanca, publicada en 1929.
De ella se han hecho tantas ediciones como de Ifigenia, y es de obligada lectura en nuestros días. Velia Bosch publicó, con motivo de cumplirse cincuenta años de la publicación de Memorias de Mamá Blanca, uno de los estudios más completos sobre la obra de Teresa de la Parra, bajo el título Esa Pobre Lengua Viva: relectura de la obra de Teresa de la Parra, sus restos fueron trasladados a Caracas en 1949 y reposan en el Panteón Nacional desde el 7 de noviembre de 1989.
Etiquetas:
23 DE ABRIL DE 1936,
Ana Teresa Parra,
Ana teresa Parra Sanojo,
Caracas,
Caracas. París,
Escritora,
Escritora Venezolana,
MADRID,
Novela,
Venezolana
domingo, 19 de abril de 2015
Eterna señorita de oro, Teresa de la Parra
Eterna señorita de oro, Teresa de la Parra
Fátima Durand 6 octubre, 2014 Cultura
“-… Así, aparecía, tan pronto rubia como el reflejo de un cobre, tan pronto pálida y gris como la luz del crepúsculo, ya oscura y misteriosa como la noche. Era a la vez suave como el terciopelo, loca como la arena en el viento, pérfida como el ápice de espuma al borde de una ola que se rompe. Era mil y mil cosas más rápido que mis palabras no lograban seguir sus metamorfosis.
-Soy la señorita Grano de Polvo, bailarina del Sol. Sé demasiado que mi alcurnia no es de las más brillantes. Nací en una grieta del piso y nunca he vuelto a mi madre”.
Así con líneas de un cuento escrito por Ana Teresa Parra Sanojo, ilustre escritora venezolana, quien durante su época y aún en nuestros tiempos es ejemplo de la mujer culta e independiente se inicia esta biografía a los 125 de su natalicio.
Como comúnmente se conoce, Teresa de la Parra fue una escritora venezolana, autora de diversos cuentos como “la señorita grano de polvo, bailarina del sol” y novelas como “Ifigenia” que relataban la Venezuela de la época y la situación en la que se encontraba la mujer del siglo XX. También es reconocida por la exitosa novela “Memorias de mamá Blanca”, clásico de la literatura hispanoamericana que describe una Venezuela que llevaba consigo cambios políticos y económicos.
El seudónimo de la escritora, con el que se catapultó como una literata de las letras universales, proviene de la fuerza que impregnaba el nombre de Teresa, como un símbolo entre las mujeres de su familia, su tatarabuela Teresa Jerez de Aristiguieta, prima del Libertador Simón Bolívar y madre del general Carlos Soublette, fue la primera en llevar el nombre.
Ana Teresa nació un 05 de octubre de 1889 en la ciudad de París, Francia y fallece en la ciudad de Madrid, España a sus 47 años de edad. De padres venezolanos y familia aristocrática vive su infancia en Caracas.
En 1924 regresa a París, donde gana el premio del Instituto Hispanoamericano de Cultura Francesa con su novela Ifigenia. En 1927 presentó en Cuba una ponencia titulada “Influencia de las mujeres en el continente y en la vida de Bolívar”, en la Conferencia Interamericana de Perioteresa_de_la_parradistas. En 1928 publica su segunda novela, Memorias de mamá Blanca.
Teresa de la Parra fue una mujer que destacó por su larga trayectoria como escritora y demostró que el estar en la casa no era el único oficio de una mujer. El arte, la literatura, la prensa también eran oficios que una mujer podía desempeñar.
Por eso sus publicaciones se vieron en distintas revistas francesas como París Time, Revue de L’Amérique Latine y otras más. Posteriormente sus relatos aparecen en el diario venezolano El Universal y en la revista Lectura Semanal,
En 1920 publica en la revista Actualidades, dirigida por Rómulo Gallegos, su “Diario de una caraqueña por el Lejano Oriente”.
La brillante escritora cosecha toda una vida de éxitos y es aclamada tanto en Europa como en Latinoamérica, pero su larga vida de cuentos y letras culmina cuando le es detectada una tuberculosis. La mala situación que antecede a la segunda guerra mundial no es de gran ayuda para su salud y finalmente fallece.
Actualmente los restos de esta mujer, que con sus letras dio a conocer a Venezuela en todo el mundo, se encuentran en el Panteón Nacional de Caracas, desde el año 1989.
Fuente: http://www.tinterodigital.com/eterna-senorita-de-oro-teresa-de-la-parra/
martes, 6 de enero de 2015
Escritoras latinoamericanas en París, Teresa de la Parra.
Escritoras latinoamericanas en París, Teresa de la Parra (2da parte), por Milagros Palma
«El París de Una señorita que escribe porque se fastidia» En la segunda década del siglo XX la influencia de la vida parisina de los afrancesados evoluciona rápidamente. La relación entre Francia y América Latina es muy estrecha como se puede constatar en el uso popular de expresiones como “Amérique latine”, “Les latino-américains”. La luz parisina continúa iluminando los días de fastidio de una que otra criolla que sigue soñando con la libertad. La literatura francesa tiene ganado su espacio en las bibliotecas criollas ya que en Francia se traduce sobre todo para ese mercado. Además editar en París era una manera de consagración (19).
Pero mientras Victoria Ocampo, resignada a no escribir teatro, oficia como toda una diva en sus salones literarios y consagra a escritores en su revista Sur, otras optan por una nueva estrategia: dedicarse a la reacción. En 1924, la venezolana Teresa de la Parra (1889) llega soltera a París, su ciudad natal, con un manuscrito titulado Diario de una señorita que escribe porque se fastidia. Esa señorita es una venezolana de clase alta. Su nombre es María Eugenia Alonso (20). Francia vive entonces el furor de la escandalosa novela La Garçonne (1922), de Victor Margueritte que bate record de ventas en las librerías parisinas. En efecto en esta novela se pone en escena la vida de Monique Lerbier, una joven idealista, romántica con deseos de independencia, traicionada por su prometido.
Su búsqueda de seguridad económica y social la conduce a la deriva moral. La Garçonne, simboliza un ataque frontal contra la revolución femenina en la Francia de La Belle époque (21). Monique Lerbier y María Eugenia Alonso, la «señorita que escribe porque se fastidia» de Teresa de la Parra, comparten el mismo ideal de emancipación. Ambas optan por una cierta libertad antes del matrimonio que empieza a ser considerado como esclavitud. La rebeldía y frivolidad de María Eugenia es exasperante en sus largas diatribas con su abuela y con su tía Clara. Pero la presión familiar y social es tan grande que María Eugenia Alonso, como la mayoría de las jóvenes de esas tierras, se resigna a las cadenas del matrimonio para preservar su estatus social y económico.
María Eugenia interrumpe su relación con Gabriel Leal que le propone ir a París y se casa con un político que le procura mayor seguridad. Este matrimonio aparece como un sacrificio de la libertad, un suicidio, la muerte del individuo, del sujeto recién nacido. María Eugenia Alonso es el retrato de las jóvenes de las familias americanas educadas en Francia. Después del despilfarro en París, regresan a sus países a casarse obligadas por sus progenitores. En Ifigenia se pone en escena el sacrificio de la mujer en aras de la ideología patriarcal. María Eugenia Alonso es víctima de la contradicción entre el deseo de emancipación según el modelo de la mujer moderna francesa y la inmovilidad tradicional de su sociedad en donde las grandes familias aristocráticas se ven arruinadas económicamente. Es el doloroso dilema entre tradición y modernidad para una joven latinoamericana.
Teresa de la Parra
La novela de Parra en París adquiere una dimensión universal con su nuevo título: Ifigenia que es el nombre del personaje del mito griego. En efecto Francis de Miomandre además del premio y el prólogo le cambia el título al inédito : “Diario de una señorita que escribe porque se fastidia“.
Este cambio traduce la tragedia de la mujer en una sociedad sociedad tradicional: “el patetismo y la cruel ironía del destino de una desarraigada”(22). Sin embargo hay una diferencia entre la muerte de María Eugenia y la del personaje de la mitología griega. Ifigenia es sacrificada por su padre Agamenón mientras que María Eugenia Alonso, la Ifigenia de Teresa de la Parra, se sacrifica en aras de la ideología patriarcal que no le deja ninguna opción de libertad a la mujer.
Si comparamos la recepción de ambas novelas Ifigenia y La garçonne en sus respecivos medios francés/latinoameriano podemos constatar que la primera produjo escándalo en el medio masculino. Monique Lerbier cae en la prostitución mientras que María Eugenia Alonso se casa. Sin embargo los efectos de Ifigenia son menos desvastadores debido al nivel de analfabetismo, sobre todo de mujeres en esas tierras americanas en la época (23). Teresa de la Parra utiliza la libertad que le ofrece París para dar cuenta del impacto desestabilizante de las normas de género.
María Eugenia Alonso es un retrato de la autora de sus conflictos con su medio, sus frustraciones en la Venezuela tradicional de los años veinte. María Eugenia escribe además para no sentirse tan sola, para no aburrirse como lo dice desde el comienzo de la novela: «escribo para distraer el miedo a la soledad». María Eugenia Alonso hace de su vida una obra de arte:
«Voy a escribir mi diario, mi semanario, mi periódico, no sé como decir, pero en fin, es algo que al tratar sobre mi propia vida, equivaldría a eso que en las novelas llaman ‘diario’» (24). No cabe duda que en este diario en primera persona hay ecos de la vida de Teresa de la Parra que hace todo lo contrario de su personaje, ya que opta por el celibato. Además desde París entretiene la amistad y la 92 complicidad con su madre. En la novela María Eugenia Alonso es huérfana de madre lo cual traduce la soledad de la niña en su proceso de formación en los códigos de la feminidad. Teresa de la Parra le dedica su novela escandalosa a su madre: «Mamá: te dedico este libro que te pertenece». En este larga dedicatoria le pide su comprensión. Al mismo tiempo que le revela que ella es uno de sus personajes: «por sus páginas te verás a ti.» Teresa de la Parra no sólo retrata a su madre sino también a su abuela. Además abre las puertas en grande del espacio privado, la vida familiar con sus tensiones: las discusiones acaloradas ante la rebeldía de María Eugenia Alonso.
Teresa de la Parra es una discípula de George Sand, de Colette. No es extraño que María Eugenia Alonso se rebele momentáneamente ante los códigos tradicionales que limitan su libertad. Al terminar le ruega que comprenda su necesidad de hablar de lo que no se puede ni se suele hablar:
«Entorna también los ojos ante alguna que otra desnudez, acuérdate que todas nacimos de ti con poquísima ropa; tu nos vestiste. Viste también estas páginas con blancos faldellines de indulgencia. Te abraza con toda el alma. Ana Teresa, París, Julio 1925.» La palabra «desnudez» simboliza fragilidad, inocencia, lo primigenio o primitivo pero también connota ignorancia. Las ropas simbolizan la cultura, la civilización.: La expresión «tú nos vestiste» equivale a decir tú nos inculcaste las normas para poder integrar la cultura. Además le ordena con el imperativo del verbo «vestir», que haga lo mismo con su libro que muestra una realidad desnuda.: «Viste también estas páginas». Sin embargo las ropas que ella pide y exige para su recién nacida novela, son de otra naturaleza.
El adjetivo «blanco» de faldellines alude a la pureza, a la bondad. El término «faldellín» en América significa capa que se utiliza para bautizar a los niños. Es decir lo que Teresa le pide a su madre es que no sea indiferente con su creación, que la nombre para que pueda existir como se hace con un niño recién nacido, que no lo deje en el silencio, en la oscuridad, en la indefinición como el limbo a donde van los niños sin bautizar. El bautismo simboliza la introducción de un niño a una comunidad determinada. Por medio del bautismo el individuo tiene nombre, tiene reconocimiento social. Eso es lo que quiere que su madre haga con su recién nacida, Ifigenia.
Teresa de la Parra
La relación de filiación que Teresa de la Parra, hija, desea establecer con su madre es clara desde la dedicatoria: se trata de una relación ideal entre madre e hija, una nueva relación: comprensiva, amistosa, respetuosa. Al respecto la feminista italiana Francesca Gargallo constata que Ifigenia inaugura la genealogía femenina en la literatura latinoamericana, una suerte de filiación literaria. Es importante agregar también que no es por casualidad que esta filiación se crea en París, lugar donde la escritora venezolana puede dedicarse a su obra. Su personaje no tiene esa opción.
María Eugenia se ve obligada a casarse. En su sociedad y en su época no existe aún un estatus social para la mujer que desea dedicarse a su obra literaria. Con Ifigenia Teresa de la Parra rompe con el canon literario. Con este relato inaugura el género de formación de la protagonista en América Latina. Esta novela trata de temas en relación con la construcción de la feminidad: ¿Cómo percibe la protagonista la imposición de las reglas del género ? Cómo se construye el sentimiento de soledad del sujeto femenino? ¿De qué manera la ignorancia del propio cuerpo sexuado contribuye a la inestabilidad femenina? ¿Cómo se enseña y se aprende a sublimar el deseo? ¿Cómo la creación aparece como una opción de sublimación? María Eugenia escribe para sublimar la pulsión comúnmente llamada «deseo». Pero frente a las presiones de su medio se somete a la vida conyugal como la única forma de supervivencia social.
La escritora en París no necesita entrar al convento, ni hacer votos perpetuos como lo hacían todavía muchas mujeres en Latinoamérica y como lo hizo en su época Juana de Azbaje, la que cuatro siglos antes se llamara sor Juana Inés de la Cruz : «yo no sentía vocación alguna» (25). Teresa de la Parra vive una vida de soltera, al margen de los salones de escritores varones, cultivando la amistad femenina (26).
Además escribe su segunda novela Las historias de Mamá Blanca en la cual continúa con la consolidación de la filiación y la genealogía femenina en el espacio doméstico (27). En ambas novelas los personajes femeninos conciben la falta de libertad como una alienación. Además el lector percibe la verdadera soledad de la niña, de la adolescente, de la joven que no cuenta con la complicidad de sus semejantes para compartir las dudas y los dilemas existenciales.
Las mujeres son reproductoras en el sentido biológico e ideológico del término. El hombre se limita generalmente a la función de genitor. La ausencia de la función paterna es paradigmática en América Latina.
Desde la infancia, las niñas son abandonadas a una condición de huérfanas cuando no son eliminadas literalmente (28). NOTAS 19. Existían varias casas editoriales: Garnier Hermanos, Bouret, La Casa editorial Franco Ibero América que además de traducir, publicaba obras originales en español. La operación comercial de la editorial francesa Ollendorff para América Latina y España se prolonga hasta en 1913. 20. Teresa de la Parra nace en 1889, año en que se inaugura la Torre Eiffel durante la exposición universal. Es bautizada en la iglesia La Madeleine en 1890. A la edad de dos años regresa a Venezuela con sus padres. Tras la muerte de su padre, a la edad de 8 años, su madre con sus cinco hijos se traslada a vivir a España.
Teresa entra interna en un colegio de religiosas del Sagrado Corazón. En 1907 a los 18 años regresa a Venezuela. Su evasión es la lectura. Los libros juegan un papel importante en su formación. En su obra se refleja París, la moda, la vida frívola: Teresa que sueña con París, con su luz, con su libertad adquiere una cultura francesa excepcional, nos dice Paulette Patout, op. cit., p. 153.
En lo que respecta al movimiento feminista en Francia, es importante recordar la figura de Madeleine Pelletier (1874-1939) que milita desde 1905 y que es condenada por su lucha por el aborto al encierro en un hospital psiquiátrico. Madeleine Pelletier muere en su presidio. En su novela La femme Vierge (1933), aparece su opción por el celibato. Su personaje Marie Pierrot, dice con la mayor naturalidad del mundo: «Mi feminismo me impide casarme». 21. La Garçonne representa una derrota de la mujer en su proceso de emancipación como lo constata el sociólogo Jean-Claude Kaufmann: La femme seule et le Prince charmant. Enquête sur la vie en solo. Nathan, Paris, 1999. 22. P. Patout, op.cit., p. 164. 23. P. Patout, op.cit., p. 164. 24. Teresa de la Parra Ifigenia, Monte Avila editores, 1992/Iphigénie, Indigo editores, Unesco, Paris, 1995. 25. El secreto de Sor Juana, Populibros, México 1979, p.53. Su confesor la convence de que tome los hábitos: «tenéis razón, no me queda sino la vida religiosa como salvación» (op. cit., p. 68) Juana de Asbaje se siente incapaz de servir a un hombre. Sólo el convento puede satisfacer sus necesidades básicas: «paz y seguridad», «protegerme, salvaguardar mi vida y mi honra».
La noción de honra era fundamental en la época. Los proyectos de Juana de Asbaje son claros. Además es consciente del tiempo que necesita para ello ya que sufre de una sed de conocimiento: «Yo podría estudiar, aprender mucho que ignoraba también escribir mis poemas, cuanto yo quisiera, toda vez que el tiempo que Dios me daba era mío y podía disponer de él a mi voluntad», op. cit., p. 78., p. 174. Sor Juana Inés de la Cruz entra en el convento de San José de Carmelitas Descalzas a pesar de que su confesor y consejero considerara lo demasiado austero. Pero ella lo elige por su amor a la música: «era famoso por el coro de hermosas y educadas voces que allí estudiaban música, desde su fundación, arte que a mí me atraía singularmente, por lo que apoyé alborozada en ser monja corista.» op. cit., p. 88.
Estudiar y escribir es su obsesión. No tiene tiempo que perder como se puede constatar cuando es castigada a quedarse en la cocina por haber agredido a la superiora que trata de disuadirla del estudio: «aproveché el tiempo en la cocina para investigar pequeñas cosas en apariencia intranscendentes que no eran sino fenómenos físicos inadvertidos hasta entonces por mí», o. p. cit., p. 116. Sor Juana es consciente del papel de la sublimación de la pulsión a través de la creación: «El arte es el puente que nos une a lo divino y nos acerca a Dios» p. 174. Es así como sor Juana Inés de la Cruz vive la vida conventual. 26.
Como reza el dicho en Centro-américa: «La mujer es cuchillo de su propia carne». Por lo general las mujeres son educadas como enemigas entre ellas. Todo comienza con la enemistad madre/hija. Así se perpetua una cadena interminable de soledad. 27.
Ver al respecto mi estudio sobre la feminidad en la literatura de mujeres centro-americanas del siglo veinte (inédito). 28. Ver infanticidio en las sociedades tribales y en la actualidad: China, India.
Fuente: http://www.resonancias.org/content/read/680/escritoras-latinoamericanas-en-paris-teresa-de-la-parra-2da-parte-por-milagros-palma/
martes, 23 de diciembre de 2014
Estudio Preliminar de la novela "Ifigenia, diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba" De Teresa de la Parra
Contenido:
1. Introducción
2. El título de la novela y la mitología griega
3. Características autobiográficas de la novela
4. El fastidio de Ifigenia
5. Las ideas feministas en la obra
6. El estilo del lenguaje en la novela
7. El camino hacia el sacrificio
8. Conclusión
9. Bibliografía
Introducción
Teresa de la Parra (1889-1936), escritora venezolana nació en París como Ana Teresa Parra Sanoja. Sus padres, ambos de origen venezolano, se encontraban ocasionalmente en París a la hora de su nacimiento. Quizás esto fue lo que motivó a la autora a escribir en su biografía que nació en Venezuela. Su familia formaba parte de la aristocracia venezolana y al sector de los terratenientes. Al regresar de París muy pequeña, pasa una parte de su infancia en la hacienda de sus padres situada en la cercanías de Caracas. En 1906, al morir su padre, su familia materna se dirige a España, donde cursa estudios en el colegio Sacré Coeur de Valencia y se consagra a la escritura de Guy Maupassant, Catulle Méndes y Valle-Inclán, quienes van a ejercer una gran influencia en su formación literaria. En 1915, después de culminar sus estudios, se dirige a París donde permanece algún tiempo antes de regresar a Venezuela. Las vivencias obtenidas durante ese corto tiempo en su país fueron decisivas en la estructuración argumental de su narrativa.
En su obra no se encuentran elementos precisos que permitan juzgar su posición referente a la situación política de Venezuela. Su obra se caracteriza por la combinación de una prosa muy culta y el uso del idioma criollo, es decir venezolanismos, los cuales suelen describir además las costumbres de su pueblo como por ejemplo cuando cita algunos dichos típicos. El trabajo literario de Teresa de la Parra se encuentra reducido a dos Novelas que le dieron el renombre: Ifigenia (1924) y Las memorias de Mamá Blanca (1929). Sin embargo, escribió también algunos cuentos como: Historia de la señorita Grano de Polvo Bailarina del sol, El genio del Pesacarta y el Ermitaño del reloj. Pero además sus correspondencias, entre ellas su Espitolario Intimo (1953) y sus Tres Conferencias Inéditas (1961) son reconocidas como obras literarias de gran valor. En sus cartas por ejemplo, se puede conocer más de la autora que en cualquier biografía o estudio realizado a su nombre. Por esta razón el trabajo presentado a continuación sobre la novela Ifigenia está basado en gran parte en el estudio de esta correspondencia como medio de apoyo en el análisis de la obra.
En Ifigenia se plantea el drama de la mujer frente a una sociedad como aquella a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, la cual no le permitía expresar sus ideas ni elegir su propio destino. El tema central de la obra es "el conflicto continuo que existía entre la nueva mentalidad de las mujeres jóvenes despiertas al modernismo por los viajes y la literatura, y la vida real que llevaban, encadenadas por perjuicios y costumbres de otra época".
A causa de este contexto, se originó gran convoción por esta obra. Las mujeres latino américanas se reflejaron en la heroína de la novela y algunos críticos más religiosos la catalogaban como un peligro de revolución femenina .
Por otra parte, la crítica que encierra contra los hombres fué también un tema de discusión. Ellos fueron los críticos más fuertes y no ha de sorprendernos, ya que en su obra los describe entre otras cosas como ignorantes. Según la autora se ignoran completamente a sí mismos y por esta razón es que "calumnian de buena fe" por padecer del sentido de tacto. Son estos perjuicios los que seguramente propusieron la mala aceptación de la novela en Venezuela y en otros países de América del Sur.
Uno de los principales aportes de Teresa de la Parra a la literatura venezolana, radica en la introducción del humor y la ironía en su obra, aún cuando estos elementos literarios hayan durado mucho tiempo en ser comprendidos. Según la autora, una de las cosas que ella notó en Venezuela en contra de su novela fue la incompresión de la ironía debido a un exagerado sentimiento de patriotismo. En Caracas los críticos no entendieron su descripción sobre la capital de esa época, como cuando ella describe por ejemplo a Caracas con sus "casas chatas" y la compara con una Andalucía melancólica.
No obstante, a pesar de todos estos prejuicios, su obra obtuvo un gran éxito en los lugares donde la autora menos se lo esperaba. En Francia recibió un premio de la Casa Editorial Franco-Ibero-Americana, la cual publicó su novela con su Editorial y en donde se utilizó por primera vez su seudónimo. Teresa de la Parra se convirtió así, en una de las primeras mujeres suramericanas en recibir un premio literario en Europa. Su obra fue leída por los de habla hispana en Europa y luego fue traducida al francés. Ifigenia fué celebrada hasta por Miguel de Unamuno y con ella la autora se destacó en el género de la narrativa femenina entre otras escritoras como lo son: Maria Luisa Bombal, Magdalena Mondragón, Victoria Ocampo, etc.
Teresa de la Parra muere en Madrid el 23 de abril de 1936, después de haber transcurrido un largo tiempo en un sanatorio para enfermos de tuberculosis en Suiza. Sus restos fueron trasladados en 1947 a Caracas y permanecieron en el cementerio General del Sur hasta el 07 de noviembre de 1989, luego fue sepultada en el Panteón Nacional junto a Simón Bolívar y otros personajes importantes de la historia venezolana.
1. El título de la novela y la mitología griega:
El nombre de la novela fue sacado de la mitología griega. El crítico francés Francis de Miomandre fue quien le propuso a la autora de llamarle así y le aconsejó además la declamatoria parte final. A él le parecía que el nombre que llevaba originalmente ( Diario de una señorita que se fastidia) era muy modesto y no encerraba los elementos más importantes de la obra.
"Ifigenia" es en la mitología griega la hija mayor de Agamenón y de Clitemnestra. Cuenta la leyenda que cuando las fuerzas griegas se preparaban para zarpar de Áulide a Troya, un fuerte viento del norte retuvo a los mil navíos griegos en el puerto. Un adivino reveló que Ártemis, diosa de la caza, estaba furiosa y la única manera de apaciguarla y obtener vientos favorables para zarpar era sacrificar a Ifigenia.
El personaje de Ifigenia en la novela viene a representar al igual como en la tragedia, la bella doncella entregada al sacrificio. Así mismo se describe Maria Eugenia, la protagonista, al sacrificarse en matrimonio con su prometido: "Como en la tragedia antigua soy Ifigenia; navegando estamos en plenos vientos adversos, y para salvar este barco del mundo [...] es necesario que entregue en holocausto mi dócil cuerpo..."(p. 309).
Pero en la novela el sacrificio no se hace para apaciguar a la diosa Ártemis, sino aquel que deberá "apaguar las iras de ese dios de todos los hombres" , el dios que Teresa de la Parra describe como: "un dios milenario de siete cabezas que llaman sociedad, familia, honor, religión, moral, deber, convenciones, principios" (p. 310).
Según Elisabeth Frenzel (Stoffe der Weltliteratur, 1998) en La Ilíada, la cual ha inspirado mucho material literario, se ha representado sólo la figura de Iphigenia como hija de Agamenón y de Clitemnestra, no se ha tomado el acontecimiento de su sacrificio, lo que se antepone al tiempo de Homero, como lo encontramos en la Epopeya de Eurípides.
No obstante, la Ifigenia de Teresa de la Parra se acerca más al drama de la Ifigenia en Áulide que a la de Homero, acercándose a la vez más a la característica de la tragedia, pero como la autora no quería que su diario fuése una tragedia, sino una obra moderna, ha de haber cambiado a su modo la epopeya de manera tal que esta se reflejara en la situacíon actual de su época.
Con lo que respecta al subtítulo de la novela : "Diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba", editado así en 1924 por la Editorial Franco-Ibero-Americana en París, existe también una explicación muy convincente tomada de la carta de Teresa de la Parra dirigida a Miguel de Unamuno para responderle una carta anterior en la que quería saber la razón por la cual había escogido la palabra "fastidio" en lugar de haber utilizado la palabra "hostío", que según su criterio, sonaba más castellano y más enérgico. Es entonces cuando ella le confiesa que la novela tenía un nombre "primitivo", el de Ifigenia, y como subtítulo tenía originalmente el nombre de: "diario de una señorita que se aburre". Pero a consecuencia de algunos fragmentos, publicados antes del libro y encabezados sólo con el subtítulo, se produjo un error y entonces publicaron "se fastidia" en lugar de "se aburre". Aún cuando la autora estaba conciente de que la palabra "fastidio" no encerraba la descripción precisa del "hastío" al que ella se refería en la obra, no lo corrigió. Lo dejó así porque le pareció que esta palabra (fastidio) se encontraba mejor dentro del léxico venezolano: "La acepté pues como un venezolanismo, y corregí el libro de acuerdo con el nuevo título. No creía entonces que mi novela fuese más allá de Venezuela" (p. 563).
2. Características autobiográficas de la novela:
Según Francis de Miomandre, quien conoció muy bien a la escritora, afirma en el prólogo de esta edición: "Diez páginas de la novela dicen más acerca de ella misma que un largo estudio crítico" (p. 4). De esta manera corrobora la idea de que la novela es un diario abierto en el que la autora revela sus expectativas. Es esta precisamente la sensación que se tiene cuando se lee la novela si yá se ha leído anteriormente algo sobre su biografía. El efecto que esto suele producir sobre el lector al dejarse llevar por la lectura, es la confunción de la narradora como protagonista o como autora. Así mismo lo asegura también Arturo Uslar Pietri cuando al referirse a la escritora dice: "Empieza a escribir confesándose. [...]. Se fastidia y murmura. Teje su propia vida, los rostros que la rodean y la circunstancia en un fino tapiz de maledicencia. Este ha sido siempre un gran arte de la criolla".
Sin embargo, y como lo anúncia yá el título de la novela, la característica más relevante es la narración formulada a manera de diario . La novela comienza con una carta muy extensa dirigida a Cristina, una amiga de Maria Eugenia y luego sigue la secuencia del diario hasta el final de la obra.
Al comienzo de la carta Maria Eugenia escribe que tiene afición por la novelas, explica además que la intención que tiene al escribir es la de contar su historia en forma de una novela: "es esta la tesis que voy a desarrollar ante tus ojos, relatándote minuciosamente y como en las auténticas novelas todo cuanto me ha ocurrido..."(p. 10).
Teresa de la Parra perdió a su padre cuando tenía 11 años, a causa de este incidente su familia se muda a Europa. En la novela la historia se cambia un poco: Maria Eugenia se va a Europa después de la muerte repentina de su madre, además encontramos otras características autobiográficas, como cuando dice que estaba muy pequeña y que se acuerda sólo remotamente del viaje: "... contemplando el espectáculo, pensaba en aquella mañana que recordaba apenas vagante, cuando pequeñita, [...], había tomado junto a papá el vapor que nos condujo a Europa" (p. 21). Luego muere el padre repentinamente y hace el viaje de vuelta a Venezuela pasando por París, así como la autora lo hizo después de haber terminado los estudios. También en la novela Maria Eugenia estudió en un colegio de monjas y el viaje de regreso a Venezuela se hace después de haber finalizado sus estudios. Aún cuando el regreso de Maria Eugenia se deba a que su tutela queda en manos de sus parientes en Caracas, la sucesión de los hechos van transcurriendo casi de la misma manera como sucedieron en la vida de la autora.
Para seguir enumerando, la protagonista pertenecía también a una familia aristocrática: "...Tu abuela paterna, Julia Alonso,[...], Rosita Aristeigueta parienta nada menos que de Bolívar y del Marquez del Toro...Las Urdaneta...Las Soublette...Las Mendozas..."(p. 54). En la realidad muchas de estas familias, formadas por criollos descendientes de conquistadores participaron en la independencia del país y en la formación de la aristocracia de Caracas al igual que los padres de Teresa de la Parra. En su biografía agrega además la autora: " Tanto mi madre como mi abuela pertenecían por su mentalidad y sus costumbres a los restos de la vieja sociedad colonial de Caracas" ( P.599). Es ésta característica la que más sobresalta en la temática de la novela, sólo que quienes la protagonizan son la Abuelita y la Tía Clara.
En un fragmento de la novela, Maria Eugenia describe los olores que se encuentran en la casa de su Abuelita: "En cuanto al olor a Jazmín y tierra húmeda, que es el más agradable de todos, viene del patio de entrada..." (p.8.), comparándolo con una carta escrita por Teresa de la Parra al Sr. Gonzalo desde Caracas en la que describe la casa vecina en donde vivían dos viejas beatas (las cuales me hacen recordar a la Abuelita y a la Tía) que tenían la casa húmeda y florecida de Jazmines, escribe: "era en otros tiempos, en los que escribía mi libro tuyo un sitio de peregrinación al pasado..." (p. 533). Estas ideas paralelas de la autora y la protagonista corrobora la tesis de que sí se trata en gran parte de un relato autobiográfico.
3. El fastidio de Ifigenia:
Como lo afirma Maria Eugenia misma, lo que la ha obligado a escribir su diario es: "...el cruel, el perseverante, el malvado, el asesino fastidio!..." (p.39) ¿Pero a que se debe ese sentimiento?.
El aburrimiento, fastidio o llamémoslo también hastío como lo hizo Unamuno. En sí, ese sentimiento que siente la protagonista y al que describe como un monstruo, ese que le va destruyendo sus anhelos y se va alimentando de una variedad de factores, los cuales son revelados por Maria Eugenia en el transcurso de la novela. Entre ellos se encuentran los siguientes:
-La ciudad y la casa de Abuelita: El encierro que le impone la Abuelita a causa de las reglas sociales que se deben cumplir, los olores de la casa, las conversaciones, en fin todo parece aburrirle: "!ay! lo que me fastidio aspirando estos olores sueltos o combinados, mientras miro coser o escucho conversar a Abuelita y a Tía Clara es una cosa inexplicable" (p. 8). Por otro lado, a Maria Eugenia le es difícil aceptar las costumbres de esa ciudad provinciana con las ventanas cerradas y la gente muy rescatada, por eso dice cuando observa desde lo alto a Caracas: "...de pronto, como entre las luces parpadeantes que se iban encendiendo allá abajo, evocase la ciudad chata, y evocase luego la casa verde con sus tres grandes ventanas, que me esperaban conventualmente, volví a sentir el horror de mi vida prisionera y aburrida" (p. 72).
- La Incomprensión: Nadie se interesa por ver el don de observación que tiene y la manera fácil que posee de expresarse, su tía no lo aprecia y a lo que corresponde a su abuela, esta no puede comprender las ideas que tiene por tratarse de un problema de generación, por eso escribe: "ésta es una de las razones por las cuales me aburro en esta casa tan grande y tan triste, donde nadie me admira ni me comprende..."(p. 10).
- La libertad: Otro factor que produce el aburrimiento en Maria Eugenia es la falta de libertad. Desde el primer momento, ya en ese instante en el que mira a la Guaira desde lejos, presiente la disminución de su libertad, se siente igual como al pájaro que se le cortan las alas para que no emprenda el vuelo: "...detenido ya el vapor frente a la Guaira, me dormí prisionera y triste como si en el espíritu me hubiesen cortado una cosecha de alas"(p. 21-22).
- La pobreza: Esta contribuye a que pierda aún más su libertad y le impone la dependencia. Ella atestigua haber presentido el fastidio la tarde de su llegada, pero no obstante, afirma que la raíz de su fastidio tiene el origen en lo que ocurrió aquella tarde en la que le informaron que la hacienda de su papá le pertenecía ahora a su tío Eduardo . Fue entonces cuando se sintió dependiente y se le vinieron todos los sueños al suelo: "Era el adiós definitivo a los viajes, al bienestar, al éxito, al lujo, a la elegancia, a todos los encantos de aquella vida [...] en París" (p.41).
Desde el punto de vista analítico, todos estos factores, de una u otra manera, coinciden entre sí. El problema de Maria Eugenia puede estar ligado a la diferente forma de vida de Caracas. Ella comete el error de comparar todo con París o con la mentalidad europeo: "No veas tu situación desde el punto de vista europeo" (p. 54), le recomienda su abuela tratando de que vea la realidad de la sociedad que la rodea. Pero ella es una muchacha estudiada y a visto otros horizontes, por eso no puede adaptarse a la nueva forma de vivir que le imponen.
4. Las ideas feministas en la obra:
De la novela Ifigenia , se ha dicho ante todo, que es una novela muy femenina. Según Arturo Úslar Pietri "es un libro mujer", en el cual el drama está descrito por medio de una confesión muy femenina: "Ve, habla, describe y piensa, como nunca podía hacerlo un hombre".
A pesar de la manera suave, podría decirse también indirecta, en la que la autora sostiene sus ideas feministas, se pueden encontrar algunos fragmentos en la novela donde claramente defiende los derechos de igualdad de la mujer o resalta las ventajas que tiene ser hombre.
En una oportunidad aclara el Tío Pancho que las mujeres tienen dos religiones, una de ellas la practican en la iglesia, la segunda de ellas alabando a un hombre: "De esta segunda religión el Dios es uno de los hombres de la familia. Puede ser el padre, el hermano, el hijo, el marido o el novio: ¡no importa! Lo esencial es sentir una superioridad masculina a quién rendir ciego tributo de obediencia y vasallaje"(p. 68). Esta teoría apoya a la otra tan discutida, en la que se tiene la opinión de que las mujeres son las culpables de que exista el machismo, ya que son ellas las que se encargan de practicarlo en la casa y de difundirlo de generaciones en generaciones.
En otro fragmento le pregunta Maria Eugenia al tío Pancho la razón por la cual la Abuelita no le predica a su tío Eduardo lo que es "el honor de un hombre", ya que a ella se le vive predicando el "honor y la virtud de la mujer". De esta manera comienza a quejarse de la falta de igualdad de los dos sexos. A esta pregunta el tío responde: "El honor de los hombres [...] es un tributo que subsiste por sí, independientemente del sujeto que lo ostenta, con cuyos actos, conducta o proceder no suele guardar la mayor relación"(p.69). Según él, es la mujer la que se encarga de cuidarlo, o sea, es la mujer con su modo de actuar, quien lo mancha o lo pulcra. Y es por eso que el hombre de esa sociedad es tan celoso cuidando su honor y por ello vigila el comportamiento de la mujer para que esta no tenga la oportunidad de mancharlo.
Alguna veces, Maria Eugenia se lamenta de ser mujer a causa de las limitaciones que le imponen por serlo y ella con sus ideas tan liberales que trae de Europa dice: "...ser mujer es lo mismo que ser canario o jilguero. Te encierran en una jaula, te cuidan, te dan de comer y no te dejan salir". Luego proclama nuevamente la igualdad diciendo: " ¡mientras que los demás andan alegres y volando por todas partes!" (p. 72). Con «los demás» se refiriere a los del sexo masculino, laquellos que pueden divertirse sin limitaciones.
Luego con un tono más fuerte y revolucionario continúa diciendo: "Las infelices mujeres no somos más que unas víctimas, una parias, unas esclavas, unas desheredadas!...". Y al incluirse aquí, entre esas mujeres tan infelices, se convierte en la heroína, en la defensora de los derechos de las mujeres: "Yo quisiera meterme de sufragista con la Pankhurst a incendiar Congresos de hombres y a rajar con un cuchillo los cuadros célebres de los museos! ¡A ver si acaban por fin tantos abusos!" (p. 72).
Para finalizar con uno de los capítulos más fuerte sobre el tema del feminismo, Maria Eugenia aclara sus expectativas y defiende libremente su lema: "A lo único que aspiro hoy por hoy es a gozar de mi propia personalidad, es decir, a ser independiente como un hombre y a que no me mande nadie. Por lo tanto de ahora en adelante mi divisa será ésta: « ¡Viva el sufragismo! » "(p. 73) Por otra parte, el tío Pancho al predicar la "disparatada tesis acerca de la preponderancia actual de la mujer" resalta los argumentos que le hacen opinar en contrade la igualdad de los sexos y defiende además su opinión de que en la sociedad debe de existir una jerarquía y hay que respetarla: "Mira a nuestro alrededor. Todo está hecho de jerarquías y de aristocracias; los seres más fuertes viven a expensas de los más débiles..."(p. 73). A pesar de su opinión, no se puede clasificar al Tío Pancho como machista de primer grado, él estima la capacidad de la mujer, sólo que para él ésta se limita a la belleza de ella. Según él, la belleza física de la mujer es el arma más fuerte para combatir al hombre y por eso consuela a su sobrina diciéndole: "...la forma más preponderante que haya tomado hasta ahora sobre la tierra la autocracia, o despotismo humano es ésa: el gobierno de una mujer bonita"(p. 72).
Tocando el tema de la belleza, cabe destacar que este se plantea muchas veces y de diferentes maneras en el transcurso de la novela. No obstante, la forma más resaltante y la que parece formar parte al tema central de la novela debido a la critica que encierra, es la belleza como instrumento para conseguir un buen matrimonio. En más de una ocasión, la autora comenta lo importante que es el aspecto físico de una mujer para concebir en matrimonio a un buen hombre y además describe en Maria Eugenia la perfección física de la mujer, utilizándo su fisonomía como figura clave en la descripción del drama. La Abuelita le comenta en una ocasión: "...eres bonita, distinguida, estás bien educada, perteneces a lo mejor de Caracas... ¡harás sin duda un buen matrimonio!..."(p.54).
Este aspecto pertenece sin duda alguna a la crítica que encierra la novela en contra de la sociedad de esa época, ya que las «mujeres de bien» no debían trabajar sino ocuparse a las labores del hogar. A consecuencia de ello, estaban indirectamente obligabas a buscarse un marido que las sustentaras y las representara delante de la sociedad. Por esta razón, la escritora hace incapié en la forma en la que debe comportarse una «mujer de bien», osea a las normas que la sociedad les impone. Por ejemplo, la Abuelita le dice como tiene que desenvolverse, le recuerda los modales y le dice como debe vestirse. En más de una oportunidad le dice que guarde el luto, que no toce el piano, que no pase su tiempo en el patio hablando con la sirvienta, etc. Sus críticas aparecen por ejemplo de este modo: "se te ven las piernas hasta las rodillas, tienes una mano en la cintura lo mismo que las sirvientas, y estás balanceando el pie con un movimiento vulgarísimo..."(p. 42).
5. El estilo del lenguaje en la novela:
El lenguaje con el cual la autora va narrado la historia revela, gracias al estilo que emplea, muchas veces de ante mano lo que acontecerá en la novela. De esta manera el lector puede descubrir poco después de haber comenzado a leer la novela, de que ésta no tratará precisamente sobre una historia feliz y que la llegada de Maria Eugenia a Caracas cambiará su vida: "Aquella Tarde, [...], me pareció que desde lo alto de una atalaya miraba mi vida entera, la pasada y la futura, y no sé porqué tuve un gran presentimiento de tristeza"(p. 20).
Es éste estilo del lenguaje, el que revela entre líneas lo que sucederá, al que se le debe de prestar suma atención para ir atando los cabos que la autora va dejando con la intensión de dar al lector una explicación lógica del porqué de lo hechos. De esta manera, estamos advierte con esta declaración por ejemplo, de que Maria Eugenia hará todo lo posible para no terminar en la casa de tío Eduardo: "¡Ah! si llegara a faltarme Abuelita, cosa que bien podía ocurrir de un momento a otro ¿qué sería de mí, Dios mío, que sería de mí ?....!Ah! ¡el horror de la dependencia en la casa enemiga de tío Eduardo!..."(p. 71).
A medida de que la lectura se acerca al final de la novela y se va desenlazando el nudo dramático, se tiene la impresión de estar leyendo una tragedia, o mejor dicho una tragicomedia. Y es que Maria Eugenia mientras está entreteniendo por una parte al lector con su humor sarcástico, por la otra está muriendo de amor: "Instintivamente volví la cabeza para mirarme al espejo, y en efecto descuidada como estaba, me encontré pálida, sin vida, ojerosa, casi fea, y me encontré sobre todo un notable parecido con la fisonomía marchita de tía Clara"(p. 301). Nisiquiera en esta oportunidad quiere admitir que se encuentra fea y aprovecha para resaltar burlescamente la apariencia de su tía.
Según Julieta Fombona, Teresa de la Parra opone la gracia ante la elocuencia y sobre todo ante el énfasis. Además afirma que la gracia de la parodia tiene un tono sentencioso de moralista, como cuando por ejemplo Maria Eugenia dice: "Hace algún tiempo yo no mentía. Despreciaba la mentira como se desprecian todas aquellas cosas cuya utilidad nos es desconocida".
Por otra parte, y como se había mencionado anteriormente, Teresa de la Parra tiene el objetivo de hacer resaltar el idioma hablado de Venezuela, pero además de esto, se encuentra en su obra un vocabulario extenso de palabras en francés, algunos citados en latín y además posee una prosa con un gran don de recursos y ornamentos poéticos, como por ejemplo el uso de onomatopeyas, refránes, etc, entre estos veánse algunos ejemplos:
a.) "... el reloj de Catedral con su canto de barítono cartujo comenzó a advertirme: ¡ Mi, do, re, sol!... ¡Sol, re, mi, do!...(p. 59)
b.) "...con una risa que era tan sonora a los oídos como agradable a la vista" (p. 84).
c.) "mientras yacía acostada cuan larga soy" (p. 88)
A lo que corresponde al uso de venezolanísmos , a continuación se presenta una explicación corta de algunas frases o refránes comunes en el hablar de Venezuela:
- A lo que se refiere Teresa de la Parra cuando escribe: "tiene la cabeza llena de cucarachas" (p.10) , es que tiene la cabeza llena de ideas adsurdas, claro, visto desde el punto de vista de la Abuelita, quien "tiene ideas atrasadísimas" y no puede entender las ideas modernas de la nieta. Por otra parte, los diminutos son una característica muy propia del idioma hablado en Venezuela . Por esta razón la autora no escribe: tiene ideas muy atrasadas o bastante atrasadas, sino que se decidide por el uso del diminutivo.
- "Con aquella cara de mosca muerta" (p.46) se refiere a una persona que aparenta ser ingenua e inofensiva.
6. El camino hacia el sacrificio:
La historia que cuenta la tragedia de Maria Eugenia Alonso, como se había ya anticipado, termina con un sacrificio. Son muy contradictorias las razones que llevaron a la protagonista a decidirse por su destino. Quizás fue el miedo lo que le impidió huir con Gabriel, ¿sería quizás el respeto que sentía por su Abuelita o el temor de llevar una vida como la de tía Clara?. No deberían de descartarse nínguna de las tres teorías.
Ya dispuesta a huir con su amado, el recuerdo de sus muertos la atemorizaron y su consciencia le recordó: "....aquellas historias de muertos que vienen a advertir a los vivos... aquel principio de las almas torturadas vagando siempre cercanas e invisibles..."(p. 289). Entonces, a causa del miedo, al verse en el espejo, le pareció haber visto en una de las mangas de su vestido la cabeza de su tío Pancho, quien acababan de enterrar.
No obstante, logrando vencer por un momento ese miedo y luchando contra su consiencia, la cual le dice que está haciendo algo indebido, decide seguir con sus planes de fuga. Al ir a buscar una maleta que se encuentraba en el corral, le cruzó de repente por el camino un gato negro. Esto le produjo de nuevo un espanto, por haberlo relacionado con la creencia de que esos animales traen los malos presagios y tienen pactos con el diablo, con los espíritus, etc. Entonces, no dudó de que era algún espíritu que se interesaba mucho por ella y quería impedir su fuga . Se pudiera llegar a la conclusión, de que ella cree que ese espíritu es el tío Pancho, ya que primero lo ha visto reflejado en el espejo y segundo lo relaciona con un hombre, al llamarlo "él".
Precisamente, como si hubiera sido un anuncio la aparición del gato, su plan de huída fracasó. Al agarrar la maleta, se encontraba sobre ella un florero que se rompió y poco después apareció la tía Clara. María Eugenia, que hubiera podido invertar una más de sus mentiras, al escuchar las palabras de su tía recordándole lo enferma que esta la abuela, no pudo mentir. Entonces, suplicando: "... y como el grito del que pide misericordia, y como el grito que ahogará sin duda la muerte en los labios torturados del suicida..."(p. 298), le imploró a la tía que no la dejara sola y le dijo que ella también quería estar al lado de su Abuelita. Así fue como desistió por fin a su plan.
El siguiente paso que daría, después de haber decidido quedarse, era terminar con el compromiso del matrimonio. Así prodría mantener puro el amor de Gabriel, osea, si no sería de él tampoco lo sería de ningún otro hombre. Por lo tanto, se decidió por llamar a Cesar Leal y citarlo a su casa. Una vez en la sala, delante de él se miró su cara quebrantada en el espejo y al verse en ese estado, se recordó de una frase que le había escuchado decir muchas veces a su tía Clara: " Fue flor de un día. Preciosa a los quince años, a los venticinco ya no era ni la sombra de lo que había sido..."(p. 301).
Esta frase que le advirtió la decadencia de su belleza, le hizo apaguar el coraje que llevaba para enfrentar a Leal y le produjo de nuevo unos sentimientos de cobardía. Por eso, en vez de decirle a su novio que ya no se casaría con él, terminó al contrario por ablasar la boda poniendo como escusa la muerte del tío Pancho: "me parece mejor que no lo efectuemos todavía... vamos a esperar... por lo menos a que pasen algunos meses..."(p. 302).
Cobarde, por causa de su destino, se dejó convencer con los argumentos que defendía Leal para aplasar la boda sólo unos diez días. De todos esos argumentos de los que él había enumerado, el que más le espantó fue el del problema que podría causarles la enfermendad de la abuela y : " Al oírla mencionar por aquella voz concisa vislumbré nítidamente la catástrofe casi segura de mi vida, si perdía ahora la oportunidad de casarme. Desaparecida Abuelita, eran los años de luto, y después del luto... ¡ah! ... después del luto, caso de que hubiera desaparecido también el inmenso poder de mi belleza, mi única razón de ser, sólo me quedaría ya por todo programa de vida la misma existencia de tía Clara, eternamente humillada y recluida junto a tío Eduardo y su familia..."(p. 303).
Resignada, ante su drama y su derrota, aceptó su destino aúnque no dejaba de sentir desprecio por su conducta cobarte. Fue entonces, quizás cuando sintió la necesidad de rehabilitar su conducta, que decidió de escribirle esa carta cruel a Gabriel, la carta que unos días antes había tratado de escribirle para renunciar a su amor, esta comenzaba de esta manera: "...aquí mismo te lo escribo sobre esta blanca hoja cuadrada, que tiene el tamaño y la blancura de esas lápidas de mármol, [...], aquí lo escribo, que es como escribir yo misma mi epitafio" (p.265). Osea, que para ella, el escribirle una carta de despedida a Gabriel, era como escribir su propia sentencia de muerte. Pero de igual manera siguió con la idea absurda de hacerle como una especie de prueba de amor a Gabriel y así poderse sentir mejor. Al escuchar el recado de Gabriel dado por la criada de que él no creía lo que ella había escrito, sintió una sensación de desesperación y alegría y fue precisamente porque ella esperaba esa respuesta: "!Ah! ¡qué bueno, sí, qué inmensamente generoso y bueno era Gabriel que no había querido creer en la calummnia infame de mi carta!... Cómo desenterraba mi amor para llevárselo con él y adorarlo siempre martirizado y sangriento en su recuerdo..."(p. 307).
Conclusión
Después de haberse realizado un análisis crítico de la obra con el fin de estudiar los aspectos que ella encierra, se puede concluir que la obra encierra aspectos autobiográficos, así como también aspectos feminístas y es sin duda alguna una crítica a la sociedad de la época. Sin embargo, hay todavía mucho material que no se ha podido trabajar por falta de material de investigación y de tiempo. Existe por ejemplo la opinión de que en la novela se encuentran también aspectos políticos muy bien escondidos, los cuales han sido descartados por otros críticos en el momento de haber realizado sus estudios.
No obstante, Elisa Lener en sus estudios más recientes sobre el tema sostiene una opinión contraria. Por esta razón, al momento de realizarse este estudio, se ha prestado suma atención en lo que respecta a este aspesto, llegando a la conclusión de que no se deberían de rechazar del todo esta posibilidad debido al marco histórico que rodea a la obra.
Como es conocido, Venezuela se encontraba bajo el régimen de la dictadura al momento de aparecer la novela. Y como la autora lo ha admitido, ella escribió su obra sin pensar de que ésta fuera a sobrepasar las fronteras venezolanas. Entonces si ella escribió para el público venezolano, no podía criticar directamente al régimen, porque sino se hubiera puesto en peligro y le hubieran censurado la novela. Pudo haber sido muy bien ésta la razón por la cual ella trató de disimular su crítica. Pero para no especular sin mucho crédito en este aspecto, he aqui algunas características que apoyan esta idea: La autora nos relata por ejemplo que Maria Eugenia se encierra bajo llave en su cuarto para escribir y para leer novelas. No se sabe con exactitud si las novelas que ella lee son prohibidas, pero en un fragmento habla del "contrabando intelectual", de las prohibiciones y de la censura. Además advierte que si su tía la encuentra leyendo el Diccionario Filosófico de Voltaire se alarmaría mucho, cosa que se entendería muy bien en tiempos de dictadura. Por otra parte cuando comienza a aclamar por su libertad, deja de escribir justo en el preciso momento en que pide una respuesta, cuando quiere saber quien le va impedir que sea libre. Es allí donde nos brinda el sentimiento de la duda dejándo las páginas siguientes en blanco. Y como dice el dicho: "a buen entendedor pocas palabras bastan". Teresa de la Parra lo confieza así mismo pero con otras palabras en la carta donde dice que lo 'único que ella encuentra bien escrito en la novela, es lo que no está escrito' . De esta manera invita al lector a leer lo que está escrito entre lineas.
Bibliografía:
I. Bibliografía Directa:
Parra, Teresa de la: Obra (Narrativa, ensayos, cartas). Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1982; 743 pp.
De la Parra, Teresa: Epistolario íntimo. Prólogo de Rafael Carías. Caracas: Ediciones Líneas Aeropostal Venezolana, 1953; 261 pp.
Parra, Teresa de la: Memorias de Mamá Blanca. Prólogo de Arturo Uslar Pietri. Colección Crisol, N° A01, Ediciones Aguilar. Madrid, 1948.
II.Bibliografía sobre el Autor:
Parra, Teresa de la: Bibliografía. Series Bibliografías, N° 7. Universidad Católica Andrés Bello, Escuela de letras. Caracas, 1970.
III. Bibliografía Indirecta:
Diccionario General de la Literatura Venezolana: Autores. Centro de Investigaciones Literarias, Universidad de los Andes. Mérida-Venezuela,1974. (pág. 552-557)
Diccionario Enciclopédico de las letras de América Latina. Biblioteca Ayacucho/Monte Avila. Editores Latinoamericana. Primera edición, tomo O - Z, Caracas, 1995. (pág. 3637-3641)
IV. Bibliografía en alemán:
Hauptwerke der lateinamerikanischen Literatur. Kindlers neues Literatur Lexikon, München, 1995. S.353
Frenzel, Elisabeth: Stoffe der Weltliteratur. Stuttgart: Kröner, 1998. Band 300, S.361-367.
Strosetzki, Christoph: Kleine Geschichte der lateinamerikanischen Literatur im 20 Jahrhundert. Beck, München, 1994.
Adriana Maria Ortiz Cardozo
Adriana.Ortiz-Cardozo@gmx.net
Universidad de Trier - Alemania
Fuente: monografias.com
Fuente: monografias.com
Etiquetas:
Ana Teresa Parra,
Ana teresa Parra Sanojo,
Escritora,
Estudio,
Ifigenia,
Lenguaje,
Novelas,
Teresa de la Parra,
Venezolana
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








