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jueves, 30 de mayo de 2013

Notas sobre Teresa de la Parra


Valmore Muñoz Arteaga y Piero Arria
Universidad Católica Cecilio Acosta
Centro de Estudios Filosóficos (LUZ)
vajomar@cantv.net


"...la larga y divagante confidencia de un alma profundamente femenina. Ve, habla, describe y piensa, como nunca podía hacerlo un hombre".
Arturo Uslar Pietri.

No debe caber la menor duda en afirmar que Teresa de la Parra es la figura femenina más importante de las letras venezolanas. Su obra, aunque mínima, más que mínima breve, está reconocida en Latinoamérica como el más claro reflejo de la sociedad venezolano entre los siglos XIX y XX. Ana Teresa Parra Sanojo, hija de Rafael Parra Hernaíz, a la sazón Cónsul de Venezuela en Berlín, y de Isabel Sanojo Ezpelosín de Parra, nace en París en 1889. Año cuando Guzmán Blanco renuncia a la primera magistratura y se funda el Partido Democrático Venezolano. Una Caracas azotada por un pueblo rebelde que derrumbaba las estatuas del Ilustre americano y saquea sus propiedades. El mundo era sacudido por el interés reformista, fundamentalmente en Europa, ya que en España se promulga el Código Civil, en Francia se funda la Segunda Internacional, en Alemania se tejen diferentes huelgas en el rubro minero, además de dictarse una serie de leyes de protección social, en Inglaterra los estibadores entran en huelga, en América latina se proclama la República de Brasil, se realiza la Primera Conferencia de los estados americanos en Washintong, el matrimonio civil se permite en Argentina, entre otros hechos. También es el año de la Edad de Oro de José Martí, de Los elementos de la sociología de Durkheim, también de los nacimientos de Toynbee, Heiddeger, Gabriela Mistral, Alfonso Reyes, Armando Reverón y Tito Salas.

Entre 1891 y 1899 se constituye un lapso totalmente desconocido de la escritora. Años de su traslado a Venezuela, sus primeros años transcurren en la hacienda de caña “Tazón”, que luego recrearía magistralmente en Memorias de Mamá Blanca. Allí muere su padre. En Venezuela nace una nueva Constitución y se inician las confrontaciones con Colombia por los límites entre ambos países, confrontación que terminará perdiendo Venezuela. Después de la muerte de su padre, su madre y sus hermanos se ven obligados a trasladarse a España y acontecen sus años en el internado en el Colegio de religiosas “Sagrado Corazón”, en Godella, Valencia, España. Sus experiencias en el internado se abren al conocimiento a través de sus novelas, liadas con la invención literaria. El internado tenía un Boletín de inclinaciones literarias, religiosas y filosóficas, allí publica la joven Teresa sus primeros trabajos, propiamente versos dedicados a la Beatificación de la Venerable Madre María Sofía Barat, con los cuales obtuvo el primer premio escolar. En el país a la postre, Castro se encuentra gravemente enfermo y le encarga la presidencia a su compadre Juan Vicente Gómez.

En 1909 Teresa regresa a Caracas. Se consuma el primer contacto con la Capital colonial que desnudará en su prosa y en su fastidio. Ya Gómez, con el apoyo de los Estados Unidos, asume definitivamente la Presidencia de la República. Muchos intelectuales y científicos apoyan al régimen instaurado, entre los más entusiastas paradójicamente se encuentran Rufino Blanco Fombona, Rómulo Gallegos y José Rafael Pocaterra. El mismo año Lenín publica Materialismo y empirocriticismo y Marinetti su Manifiesto futurista. 1915 es el año cuando publica sus primeros cuentos en el diario El Universal y en algunas revistas de París bajo el seudónimo de Frufrú. Los cuentos son Un evangelio indio: Buda y la leprosa y Flor de loto: una leyenda japonesa. Por esas fechas son reconocidos también sus primeros cuentos fantásticos: El ermitaño del reloj, El genio del pesacartas y La historia de la señorita grano de polvo, bailarina del sol. Eran tiempos en que en nuestras letras se iniciaba una búsqueda de nuevos derroteros para la literatura. “La relación misma con el modernismo parece orientada por esta necesidad de otra escritura que supere las formas del costumbrismo, del criollismo, del realismo romántico o del naturalismo, corrientes en vías de agotamiento para el momento en que Teresa de la Parra escribe sus textos”1. En estos cuentos se divisa la gran cultura de Teresa de la Parra, cuentos que siguen la tradición hoffmanniana, el humorismo de Lewis Carroll, y de la presencia de una contemporánea Colette.

En 1920, ya con algún reconocimiento crítico, publica en la revista Actualidades, dirigida por el maestro Rómulo Gallegos, su Diario de una caraqueña por el Lejano Oriente, combinado de las cartas que le enviara su hermana María quien realmente realizó el viaje. Se funda el partido comunista en EEUU y Francia. Dos años después obtiene el Premio Extraordinario en el Concurso, el Cuento Nacional de El Luchador de Ciudad Bolívar, con su cuento Mamá X que luego integraría su Diario de una señorita que se fastidia. Diario que luego le publicaría Pocaterra en su revista Lectura Semanal. Revienta el primer pozo petrolero en el Zulia, a partir de ahora nada será igual.

Vuelve a viajar a París en 1923 donde traba amistad con intelectuales venezolanos como Simón Barceló, Ventura García Calderón y Gonzalo Zaldumbide, entre otros. Mientras en Venezuela era asesinado en Miraflores Juancho Gómez y la British Equatorial comienza la perforación del primer pozo en el Lago de Maracaibo. 1924 es el año cuando muere en Puerto Rico Cipriano Castro y, Juan Vicente Gómez, expulsa del país al eminente doctor Luis Razetti. Gómez inicia su política de concesiones petroleras al concederle a la Satandart Oil este privilegio. Es el mismo año cuando muere en Caracas la mejor amiga de Teresa de la Parra, Emilia Ibarra de Barrios Parejo, sufriendo un profundo dolor y gran decepción. Este hecho profundiza la mundanalidad de la escritora, quien ahora ni escribe ni lee ni una sola palabra. La literatura venezolana da un paso importante en su desarrollo con la aparición de Áspero de Antonio Arráiz, libro que abre las puertas de la vanguardia literaria. A este le siguieron textos como La inquietud sonora de Héctor Cuenca y Los cuentos frívolos de Blas Millán. También nace la revista Biliken de Lucas Manzano. Entre 1924 y 1926 aparecen algunas traducciones de su obra en París. En este último año inicia su novela Las memorias de Mamá Blanca que supone su obra de madurez.

En 1927 Teresa de la Parra viaja a Cuba como invitada al Congreso de la Prensa Latina, en La Habana, allí dicta una conferencia sobre Bolívar. Seguramente fue testigo de las primeras manifestaciones populares contra Machado en Cuba. A su vez EEUU inicia su intervención en Nicaragua y México. Mientras en Venezuela continuaba la renovación de la literatura aparecen La tienda de muñecos de Julio Garmendia, La locura del otro de Luis Enrique Mármol, aparecen también Las memorias de un venezolano de la decadencia de José Rafael Pocaterra. En Febrero de 1928, Venezuela es testigo de la primera manifestación de resistencia civil contra el gomecismo, y que para muchos inició el ciclo de debilitamiento del régimen. Una manifestación de estudiantes de la Universidad Central de Venezuela abre las compuertas a distintas acciones contra la dictadura, de igual forma marca la instauración de la vanguardia en la cultura nacional. En abril del mismo año, Teresa de la Parra parte nuevamente a Europa: España, Suiza, Alemania, y finalmente Francia en donde revisará la traducción y revisión de las Memorias de Mamá Blanca. Inicia su actividad epistolar y su encierro en el cual dedicará largas horas a la lectura y a la reflexión. En Italia comienza el procesamiento a Gramsci y a otros líderes comunistas, mientras en España cobraba vida el Opus Dei.

Teresa de la Parra seguramente padeció los embates del viernes negro en EEUU, que desató un golpe bursátil de grandes repercusiones mundiales. Sin embargo, ella viaja por Italia en compañía de la escritora cubana Lyddia Cabrera, autora de los Cuentos negros, publicados siete años después y que estarían dedicados totalmente a la venezolana. En 1930 regresa a Cuba y Hitler comienza a tejer su camino al poder en Alemania. Viaja a Bogotá donde es recibida con altas distinciones por parte de la prensa y la crítica bogotana. Dictará las conferencias: La importancia de la mujer americana durante la Colonia, la Conquista y la Independencia, que luego aparecieron publicadas y prologadas por Arturo Uslar Pietri. Ese año nace en Perú el APRA mientras en Venezuela, Gómez cancelaba la deuda externa y se crea la C.A. Nacional Teléfonos de Venezuela.

En Teresa de la Parra se gesta la iniciativa de escribir una biografía sentimental de Simón Bolívar. Surge una relación espiritual entre ella y el Libertador de profunda huella en su alma sensible. En 1931 regresa a Europa en donde se inician los síntomas de su enfermedad. Es confirmada una complicación pulmonar bastante seria, situación que la lleva a una búsqueda de perfección espiritual, y a través de lecturas budistas y orientales orienta su intimismo reflexivo. De estos años se recogen sus cartas más dolorosas. En Venezuela se firma el Plan de Barranquilla donde se fomentan las bases de lo que mucho tiempo después será Acción Democrática. En 1934 es atacada brutalmente por una bronquitis asmática. Al año siguiente regresará a París y se dedicará a escribir únicamente su diario. Muere Juan Vicente Gómez. Teresa de la Parra da fin a su peregrinación buscando solucionar su problema físico en 1936. Meses después morirá en Madrid en compañía de su madre, su hermana María y de su amiga Lidia Cabrera. Once años tuvieron que pasar para que regresara a Venezuela y reposar en el panteón de la familia Parra Sanojo.

Si en las obras de Rómulo Gallegos y José Rafael Pocaterra pueden recorrerse los laberintos que conforman el alma del hombre venezolano, en el discurso de Teresa de la Parra se pueden encontrar las huellas que desenmascaran el silencio angustioso de la mujer venezolana de las primeras décadas del siglo XX. Parra busca dentro de la intimidad femenina de su momento histórico su posición dentro de la sociedad y la sensibilidad de esta en un ambiente contrario a los valores del corazón. Escribe Díaz Seijas, “Su novela-confesión Ifigenia inaugura en la novelística venezolana lo que Proust sostenía en Europa como preciada conquista de la novela del siglo XIX: el símbolo extraído del Yo”. Podríamos decir sin temor a equivocarnos que con Teresa de la Parra surge una forma de narración intimista, de la cual se desprende por primera vez en el país el alma de la mujer venezolana, de la mujer criolla que se ocultaba tras las figuras masculinas pintadas desde las plumas de Díaz Rodríguez, Gallegos, Blanco Fombona y Pocaterra.

El discurso confidencial de Teresa de la Parra se consideró un suceso en la literatura nacional entre 1919 y 1929.

Entre el «Tío Pancho», tipo escéptico gentilhombre de su novela Ifigenia, representante de una sociedad y una tradición ya vencida, y el de Las memorias de Mamá Blanca, híspido, estoico y pintoresco producto del analfabetismo rural, Teresa de la Parra ha sabido pintar con arte goloso de color y expresión, la más variada gama de personajes venezolanos.2

Fernando Paz Castillo agrega:

Intimidad con el ambiente, intimidad con los personajes e intimidad, y esto es lo más importante, con las palabras, pequeñas, recogidas, como los diminutivos que usan las madres y los niños. Lenguaje sencillo, pero poético que recuerda, en muchas ocasiones, los cuentos de las abuelas, en esta tierra venezolana, donde solemos reemplazar las hadas, dulce poesía abstracta del Norte, con hechos trágicos de la vida cuotidiana, o bien con supersticiones -de un carácter realista- de épocas pasadas.3

Paz Castillo ubica a Teresa de la Parra dentro de la literatura realista, ya que en sus páginas se penetra en el mundo de los personajes con cierta objetividad, necesario para que el novelista pueda en un espacio imaginario dar vida a seres de carne y hueso. Aún así, Teresa de la Parra utiliza como recurso expresivo elementos propios del romanticismo, ejemplo de ello es la ensoñación o evocación, así que la escritora puede formar parte de esa gama de escritores que buscan una identidad dentro de la literatura, y que en esa búsqueda constante se pasea por varios estilos y propuestas literarias; sin embargo, tenemos que decir que si Parra frecuenta de alguna manera el romanticismo, allí pueden hallarse propuestas sociales muy concretas que se explican a través de un compromiso social, en el caso de Teresa de la Parra muy individualista, pero que sin duda desencadenó una nueva actitud de la mujer frente a la sociedad, particularmente frente al hombre. Sobre esto iremos más tarde.

Desde la aristocracia discursiva, así podemos definir la escritura de Teresa de la Parra, elabora una radiografía de la decadencia de una sociedad que se sostenía sobre bases definidas en función de los intereses del hombre. Parra intenta exorcizar a la literatura venezolana de esa mujer heroína diseñadas por los novelistas, e intenta con éxito lubricar su mundo interior con la realidad de la mujer criolla; es decir, aquella mujer que se debatía entre lo frívolo y lo trascendente; una mujer capaz de describir con exquisitez en páginas un vestido de moda al mismo tiempo que fragua desde la ironía la destrucción del conformismo social planteada en las normas de buena conducta. De la pluma de Teresa de la Parra nacerá toda una propuesta de literatura femenina desconectada de las viejas posturas exóticas y sensibleras del pasado.

En la obra de Teresa de la Parra encontraremos menores señales de posiciones filosóficas, económicas y políticas como seguramente se pueden encontrar en contemporáneos suyos. Quizás su interés descansó siempre en darle voz al silencio; es decir, servir de interlocutora entre el alma femenina y el mundo que la rodeaba, no estamos seguros si asumido concientemente, pero en desagravio de ello, su voz individual sirvió de puente para otras voces que despertarían luego*.

La corriente filosófica que predominará durante el ciclo vital de Teresa de la Parra es el positivismo. El positivismo va a abrir las puertas a un distanciamiento con el romanticismo y favorece al costumbrismo como alternativa para una más profunda acción creativa, además de brindar al escritor una mejor y más favorable posición frente a la posibilidad de describir la realidad:

Todo esto se dará en una literatura realista que la crítica insistirá en llamar naturalista, cuando a nuestro juicio se tratará tan sólo de la transformación de una expresión romántica no nacional en una expresión romántica ambientada en un medio nacional, lo que permite la convivencia de romanticismo y realismo.4

Probablemente esto dé respuesta a la afirmación que hace Fernando Paz Castillo. Ahora bien, este choque de concepciones literarias seguramente se encuentra prendado al ansia de modernidad de la autora. En sus primeras obras, Teresa de la Parra deja fluir profundos contrastes entre lo foráneo y lo local, una imaginación romántica plena de figuraciones románticas frente a la crudeza del realismo. “La cultural oriental y su saber místico, sagrado, frente a la cultura monoteísta, cristiana, occidental, presente en nuestro criollismo”5. Posición que queda en evidencia con la lectura de sus primeros cuentos entre ellos: Un evangelio indio (Buda y la leprosa), Flor de loto: una leyenda japonesa, Historia de la señorita grano de polvo bailarina del sol y El genio del pesacartas. En estos cuentos, Teresa de la Parra, explora el alma humana a través de un diálogo comprometido con una nueva sensibilidad frecuentada ya por Martí, Darío y los modernistas latinoamericanos, una sensibilidad que desnuda por medio de lo grotesco, el hastío, la trivialidad, el absurdo, la naturaleza humana.

Volviendo al punto acerca del positivismo y la escritura de Teresa de la Parra, podríamos decir que la autora experimenta una doble actitud frente al hecho literario y a su concepción del mundo y el hombre. Decimos doble vertiente, ya que si en su discurso deplora y arremete contra el positivismo representado en una sociedad vacía y sin mundo interior, las herramientas que utiliza para esta empresa están comprometidas con la corriente en cuestión. Los detalles descriptivos y enumeración de lugares y ciudades, la objetividad periodística con que muestra actitudes, personas, incidentes y accidentes geográficos, generan un efecto de realidad en la cual ella no se incluye6. Para Teresa de la Parra el mundo, más allá de ser traducido a través del pensamiento, debía serlo a través de la contemplación. Por ello excluye la posibilidad de más lenguajes dogmáticos a los establecidos. “Su mirada de novelista opone a la intencionalidad intelectual, la emocional, la que capta valores, aunque no por ello deja de ser una mirada impersonal”7:

Evelyn exhalaba a todas horas orden, simetría, don de mando, y un tímido olor a aceite de coco. Sus pasos iban siempre escoltados o precedidos por unos suaves chss, chss, chss, que proclamaban en todos lados su amor al almidón y su espíritu positivista adherido continuamente a la realidad como la ostra está adherida a la concha.8

Su discurso se une, aunque más tímidamente, al de los importantes críticos del gomecismo y la concepción humana del mismo. Escribe Teresa de la Parra y apunta desde la palabra su posición frente al gomecismo representado por el posisitvismo:

…bajo la presión de la mano de Evalyn, mi cuerpo caminaba sin hacer resistencia. Pero mi alma independiente, mi alma intangible, a quien Evelyn no podía agarrar por un brazo, ¡resistía!9

Evelyn, criada en la casa de Blanca Nieves (Memorias de Mamá Blanca) representa, según propio juicio de la autora, al positivismo, ya lo habíamos apuntado antes; sin embargo, insiste en ligarla con la corriente justificadora de la dictadura:

Y destruía, importuna e infame, multitud de jardines, castillos y princesas ideales. Pero Evelyn no tenía la más remota noticia de su obra destructora. Las doradas puertad de la vida interior, para sus ojos avizores, estaban cerradas a piedra y lodo. Sus brazos vandálicos y vencedores, siempre en lucha feliz con la realidad, no abrazaron jamás los amables fantasmas que nos contagian el ensueño, de duda y de neurastenia.10

Teresa de la Parra ataca al positivismo en vista de que éste cercena lo más noble del alma humana, su capacidad de soñar, de recrear el mundo desde la fantasía; es decir, oponerse a la sensibilidad que sólo es posible a través del ensueño. A su vez, quedan expuestos cuáles son los elementos que la alejan sustancialmente del positivismo y cuál es el camino por el cual desea transitar.

Elisa Lerner divide en dos la posición discursiva de Teresa de la Parra:

Pero la historia de la joven caraqueña que luego de una larga estadía de estudios en Europa regresa a su terruño, no es accidente en el camino para que, también, podamos leer dentro de las páginas encantadoras de esa primera novela que han leído Arturo Uslar Pietri y otros ilustres intelectuales, otra segunda novela de atroz melancolía, situada al fondo de los imaginativos ardides o ingeniosos escondites narrativos que usa la escritora para testimoniar y denunciar en torno a la sociedad venezolana bajo las garras del gomecismo. Más que un gobierno, el gomecismo algo así como un animal enorme, colosal que se alimentó, largamente del demudado silencio de los otros.11

Más adelante agrega:

Sin ahorrar detalles que son gemas donde brilla el fervor por la vida, el salón con el sofá de damasco para las visitas de postín o ese otro saloncito estratégico donde la joven Alonso se entera, oculta detrás de la prudente maleza de una cortina, que algún autoritario y mal intencionado familiar quiere disponer de su destino como si ella fuera carne matrimonial de ocasión. Y esa escritura nada difuminada, pero donde el país se percibe como una intriga lejana, enigmática y el gomecismo es la esperanza de una primera modernidad para compatriotas que, sin mirar a quien, descubren en las proximidades del poder facilidades, negocios de la riqueza petrolera.12

En las interioridades de Ifigenia, entre la moda parisiense y el lápiz labial, entre las vicisitudes de una muchacha bien, se mueve la novela política, la palabra que surge para emitir su juicio al régimen que debe vivir. Una novela política sigilosa, es cierto, pero muy crítica e irónica. La ironía en Teresa de la Parra es una visión que nace desde sus médulas y que la adscribe dentro del proceso de la cultura moderna13. Una crítica elevada desde la voz de la joven Alonso que se niega a abandonar a su vez su pletórico guardarropa. El discurso político de Teresa de la Parra, al menos en su narrativa, es sumamente ambiguo. Podríamos asumirlo desde un punto de vista estético o también de precaución; en todo caso, esconde su diatriba al gomecismo en una flemática historia de amor:

Desahogo verbal, también, de una muchacha ilustrada, simulacro narrativo que encubre con bastante gracia la verdadera trama de fondo, el sarcasmo final de unos seres desencantados de sí mismos y sin atreverse a decir que, asimismo, desencantados del país porque sería echar por la borda muchos intereses en juego. En todo caso novela rosa algo compleja con una protagonista que, en demasiadas páginas, clama por la sed de libertad y una vocación primorosa para su inteligencia.14

En Ifigenia, la maniobra de un sarcasmo a medias, posterior a la primera rebeldía inteligente de una muchacha frente a un medio de enormes soslayamientos, no alude, tarea imposible, a la enorme monumentalidad silenciadora del gomecismo, sí a los que obtienen prebendas del régimen. La novelista para nada hace mención de la violencia de las cárceles gomecistas. Esa será la misión de otros escritores. Teresa de la Parra muestra, al principio, la indignación de la heroína frente al despojamiento que el tío Eduardo Aguirre ha hecho de su fortuna. Pero en cuanto a violencias sólo dibuja las muy interiores de la tía Clara o de Mercedes Galindo y las de casero padecimiento de la protagonista.

Hemos dicho que en Teresa de la Parra habitan dos convicciones filosóficas en las cuales se debate; una que se expresa en su estilo literario, y otra en su visión del mundo, el hombre y la sociedad. Teresa de la Parra parece mantenerse ajena al positivismo, a pesar de tener una fuerte devoción por todo cuanto le llega de Francia y su cultura. Un aspecto que podría tomarse como una interpretación de su posición frente al positivismo es su sueño de escribir una biografía sobre Simón Bolívar, pero esto se queda expuesto en su afán biográfico, sino desde el punto que quiere asumir como eje de la historia. La idea de la Escritora es hacer algo fácil y ameno “en el estilo de la colección de vidas célebres noveladas que se publican en Francia”. “La palabra novelada -advierte- es, naturalmente, muy relativa; yo creo que una biografía de Bolívar es, de por sí, sin salirse de la verdad histórica, mejor novela que cualquiera otra cosa que quisiera hacerse”. Y para precisar más su concepto añade: “Quisiera ocuparme más del amante que del héroe, pero sin prescindir enteramente de la vida heroica tan mezclada a la amorosa”.15

En la frustrada biografía no aparecerá ese Bolívar guerrero y estadista al que se traía a la dinámica social a través del laude hiperbólico, era un Bolívar apasionado cuyas únicas tareas heroicas era hacer feliz a Teresa Toro, a la bella Fanny de París y a la indomable Manuela Sáenz.

La misión del artista es descubrir estas coincidencias y darles vida perenne. No existiría entonces entre ella y el Héroe ninguna frontera porque toda frontera desaparece ante el conjuro del arte. Esto era Bolívar para Teresa: substancia de arte, o lo que es lo mismo, substancia de amor. El amor es el dínamo de la Historia, la fuerza que impulsa a los hombres y a las mujeres hacia su destino. ¿Qué importa que unos lo realicen de un modo y otros de otro? Lo que diferencia a los humanos y crea sus categorías es que mientras unos cumplen por el amor una simple función reproductiva otros lo elevan a un plano estético en el que encuentra sus dimensiones exactas la imagen del Héroe.16

Esta historia sería contada desde el corazón dejando a un lado el frío dato histórico, vacío de una sensibilidad que realza Teresa de la Parra, justamente por ser mujer, era la hora de la reivindicación. La mujer, en las profundidades de la pluma de la autora, estaba llamada a sensibilizar la naturaleza humana. Esta búsqueda de la sensibilidad será rescatada desde la poética por Gastón Bachelard17. Bolívar es visto a través de la mujer, quien lo feminiza; es decir, lo transforma en un ser movido por la sensibilidad, y al sensibilizador, le abre un camino cósmico hacia su propia esencia, hacia él mismo quien se reconoce en el otro. Allí abre su paso la mujer en la historia del país, y por ende, en las páginas de Teresa de la Parra.

La obra de Teresa de la Parra queda aún por ser descubierta, no sólo por ser la precursora de meros artilugios literarios que únicamente son valiosos dentro de las artes y las letras nacional, más allá de eso, es la precursora de la mujer que debe asistir comprometidamente al siglo XX que espera de ella, de la mujer, una participación distinta y protagónica. Así se ha hecho.


Notas:

[1] Bohórquez, Douglas: Teresa de la Parra. Del diálogo de géneros y la melancolía Monte Ávila Editores. 1 era edición. Caracas. 1997.

[2] Picón Salas, Mariano (1984) Formación y proceso de la literatura venezolana. Caracas: Monte Ávila Editores. Pag 166-167.

[3] Paz Castillo, Fernando (1992) Reflexiones del atardecer 3. Caracas: Ediciones de La Casa de Bello. Pag 213.

[*] Este feminismo en Teresa de la Parra cambiará de una posición meramente estética a una posición filosófica y sociológica de trascendencia como lo demostrará en sus años de maduez.

[4] Di Prisco, Rafael (1969) Acerca de los orígenes de la novela venezolana. Caracas: Universidad Central de Venezuela. Pag 44.

[5] Bohórquez, Douglas (1997) Teresa de la Parra. Del diálogo de géneros y la melancolía. Caracas: Monte Ávila Editores. Pag 14.

[6] Idem. Pag 20.

[7] Fombona, Julieta (1982) Teresa de la Parra: Las voces de la palabra. Prólogo a Teresa de la Parra: Obras (Narrativa-Ensayos-Cartas) Caracas: Biblioteca Ayacucho. Pag XX.

[8] Parra, Teresa de la (1994) Las memorias de Mamá Blanca. Caracas: Monte Ávila Editores. Pag 18.

[9] Idem. Pag 37.

[10] Idem. Pag 45.

[11] Lerner, Elisa: La desazón política de Teresa de la Parra. Papel literario. El Nacional. 23 de mayo de 1999.

[12] Idem.

[13] “La visión irónica es la visión nacida en las entrañas mismas de la cultura moderna. Superando ceguera del discurrir cotidiano que afirma las presuposiciones de lo real y de la verdad como los horizontes plenos de existir, la visión irónica pone en evidencia inesperados pliegues y vertientes donde no es la certeza sino la incertidumbre y la incongruencia, no el reconocimiento sino el sinsentido lo que quiere brotar como lo indominable y el vértigo que siempre, por más que lo ignoremos, nos acosan (…) El pensar irónico, que se fundamenta en la diferencia, supondrá de este modo no sólo una crítica a lo real sino también una crítica al lenguaje: el cuestionamiento de sus procesos de identificación y el hallazgo, en el lenguaje mismo, de vertientes de diferenciación desde donde es posible nombrar la dualidad y la escisión del ser y el mundo” Bravo, Víctor (1997) Figuraciones del poder y la ironía. Caracas: Monte Ávila Editores. Pags 9 - 14.

[14] Lerner, Elisa. Ob cit.

[15] Parra, Teresa de la. (1982) Obras (Narrativa, ensayos, cartas) Caracas: Biblioteca Ayacucho. Pag 550.

[16] Díaz Sánchez, Ramón (1954) La etapa bolivariana de Teresa de la Parra (de la escritora al historiador). Revista Nacional de Cultura #100.

[17] “La mujer es el ideal de la naturaleza humana y el ideal que el hombre plantea ante sí mismo como el Otro esencial, y lo feminiza porque la mujer es la figura sensible de la alteridad; por eso casi todas las alegorías, en el lenguaje como en la iconografía, son mujeres.(…) Y los nombres de las grandes cosas como la noche y el día, como el sueño y la muerte, como el cielo y la tierra, sólo cobran sentido designándose como parejas. Una pareja domina a otra, una pareja engendra otra” Bachelard, Gastón (2000) Poética de la ensoñación. México: Fondo de Cultura Económica. Pag 58.

© 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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