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sábado, 23 de abril de 2016

CHARLA: Teresa de la Parra, Ifigenia y el asteroide Lilith 1181 (video)




Por:  

A los 80 años de su deceso.

Fecha de nacimiento: 5 de octubre de 1889, París, Francia
Fecha de la muerte: 23 de abril de 1936, Madrid, España
Padres: Rafael Parra Hernáiz, Isabel Sanojo de Parra

ANA TERESA PARRA SANOJO - TERESA DE LA PARRA



ANA TERESA PARRA SANOJO
TERESA DE LA PARRA

Recordatorio a los 80 años de su deceso. 
23 de abril de 1936 - 23 de abril 2016

Frases y citas de Teresa de la Parra que perdurarán en el tiempo

“Tengo un alma profundamente naturista y adoro con ella la verdad sencilla de las cosas”. Ifigenia.

“Ya la Luna, lo sabía, me ha dicho compasiva: ¡No esperes a los muertos! Pero no he de cerrar mi balcón todavía”. Ifigenia.

¿No han ojeado ustedes nunca, al azar un diccionario? Se lo recomiendo. No hay nada más grato ni más reposante para el espíritu. Teresa de la Parra.
“Podría decirte muy severamente: “Vete y no peques más”, si no fuese porque juzgo imprudente anatemizar el pecado con demasiada violencia. Proscrito del mundo, su absoluta ausencia podría dejar tras él una aridez de desierto, pues, ¿qué valdría ya la vida sin la gracia del perdón y la indulgencia?”. Memorias de Mamá Blanca.

“Rumiante insaciable de las cartas, instantes de banquete, me pregunto asombrada qué fenómeno inesperado es este fenómeno fisiológico de la fidelidad. Viene de la misma fuente, quizás de donde brota el amor maternal porque es irrazonable animal, bastante estúpido y es el resultado de caricias, huellas de beso. Te repito, ¡no lo comprendo!” Carta de Teresa de la Parra a Gonzalo Zaldumbide, diciembre de 1924.

“A ti, dulce ausente, a cuya sombra propicia floreció poco a poco este libro. A aquella luz clarísima de tus ojos que para el caminar de la escritura lo alumbraron siempre de esperanza, y también a la paz blanca y fría de tus dos manos cruzadas que no habrán de hojearlo nunca, lo dedico”. Dedicatoria de Ifigenia.

“Los recuerdos no cambian es Ley de todo lo existente. Si nuestros muertos, los más íntimos, los más adorados, volviesen a nosotros después de muchos años de ausencia y arrasados los árboles viejos hallasen en nuestras almas jardines a la Inglesa y tapias de mampostería, es decir, otros afectos, otros gustos, otros intereses, doloridos nos contemplarían un instante y discretos, enjugándose las lágrimas, volverían a acostarse en sus sepulcros.” Memorias de Mamá Blanca.

“…Su alma desconocía el odio. Siendo casi del mundo de los vegetales, aceptaba sin quejarse, las inquinidades de los hombres y las injusticias de la naturaleza. Hundido en acequia o adherido a las lajas, zahiriendolo o no, seguía como buen vegetal dando impasible sus frutas y flores”. Memorias de Mamá Blanca.
“Mamá perseverante y evangelizadora, seguía prodigando sobre Vicente sus quejumbrosas amonestaciones, mientras el tiempito se prolongaba indefinidamente a través de todas las cosechas de café”. Memorias de Mamá Blanca.

lunes, 22 de febrero de 2016

VII Como el Judío Errante




VII Como el Judío Errante

Recibí su carta y el juicio crítico del Doctor Lisandro Alvarado tan erudito y filósofo como incomprensible. Mi juicio a su juicio fue esta exclamación llena naturalmente del respeto que me merece: Por qué no la escribía en griego de una vez? – No nos hubiéramos comprendido mutuamente, él por hablar demasiadas lenguas muertas;  yo,  por relatarlo todo en esta pobre lengua viva conque pedimos y comemos el pan nuestro de cada día. Así habríamos estados seguros de no debernos nada ninguno de los dos.

Continuo como el Judío Errante; pasé tres meses en París, ahora estoy en la Cote d´Azur , entre Cannes y Niza, con mamá y María.  Vine a bautizar a mi segundo ahijado el baby  de esta última; quien a pesar de estar presente no me ha hecho olvidar el ausente.

Tengo tan abandonada la literatura que no me traje de Paris varios juicios críticos sobre Ifigenia que pensaba remitirle. Va esta crónica literaria sobre Hispanoamérica que es interesante y en la cual me nombran. Si no se ha publicado en Caracas le agradecería la enviara al Universal.  

Mil besos a mi ahijado, muchos saludos a G. y a los niñitos y para usted los más afectuosos recuerdos de su sincera amiga,

Teresa

Juan-les Pins: Marzo 1 de 1926

VI La Alegre Vanidad de los Trapos



VI La Alegre Vanidad de los Trapos

   Desde mi llegada a París estaba por escribirles, pero los días que no pierden nunca su costumbre de correr como locos, me han traído hasta aquí con la manos ociosas; ni literatura, ni cartas, nada! 

Espero que hayan recibido mi libro, son ustedes (que lo tuvieron en sus brazos recién nacido) de los pocos amigos a quienes  lo he enviado.  Hasta ahora no puedo quejarme del éxito obtenido. No dejen de tenerme al corriente de cuanto comentario favorable ó desfavorable despierte en Caracas. En el fondo es el único público que verdaderamente me interesa. Lo demás es vanidad, y si en París me he apagado un tanto a la alegre vanidad delos trapos, cada día, en cambio me desapego más de la vanidad literaria.  La encuentro lúgubre, incomodad y llena de responsabilidades.  “Taches d´entre belle, et tais-toi”  que decía no sé quien, es actualmente mi regla de conducta. Desgraciadamente es difícil ser bella; pero me desquito con la segunda; callándome. Es por eso quizá que nada escribo.  

¿Cómo están los niños? Y los otros niños ?, es decir los negocios y proyectos de Carias?.  No saben que sinceramente les deseo toda alegría y toda prosperidad.

Espero con impaciencia sus cartas. Escríbame aquí, a París, al Vernet, o a la Legación que ya me enviarán la correspondencia donde me encuentre.

Reciban los afectuosos recuerdos de esta amiga muy sincera.


Teresa
París, julio 14, 1925. 

domingo, 21 de febrero de 2016

LA MITOLOGÍA CLÁSICA EN LA NOVELA I FIGENIA




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LA MITOLOGÍA CLÁSICA EN LA NOVELA I FIGENIA
DIARIO DE UNA SEÑORITA QUE ESCRIBIÓ PORQUE SE FASTIDIABA
DE TERESA DE LA PARRA

Mitos en la literatura española e hispanoamericana del siglo XX 
Madrid, Ediciones Clásicas, 2007

Cristina MARTÍN PUENTE

Universidad Complutense de Madrid 

1. INTRODUCCIÓN

Es destacable que precisamente una joven que conozca tan bien la filosofía sea condenada a no pensar y a no interesarse por la filosofía ni la literatura, quedándole reservada más bien la religión.Respecto a la Historia y la Historiografía Antiguas, en la novela aparecen los personajes de Nerón (pág. 117),Cleopatra y Semíramis (pág. 202). También María Eugenia habla de su amiga como su “ninfa Egeria” (“Cristina, miamiga del alma, mi modelo, mi ninfa Egeria, pertenecía a una clase de seres completamente anormales” pág. 327),evocando a la consejera que visitaba Numa Pompilio en un santuario cerca de Roma y le proponía las reformas(aunque no se sabe si era una diosa, una ninfa o su propia esposa). De ella hablan Tito Livio 1,19,5; 21,3 y Dionisiode Halicarnaso 2, 60, 5; 61, quienes creen que estas entrevistas eran una invención de Numa para que el puebloaceptara mejor los cambios pensando que procedían de los consejos de una divinidad

Otro pasaje puesto en bocade Tío Pancho (“Quisiera haber nacido en la época feliz de la Colonia, allá, cuando nuestras bisabuelas y tatarabue-las atravesaban las calles empedradas de Caracas en sillas de mano llevadas por dos esclavos que eran siemprefieles, negrísimos y robustos, porque no habían sido contaminados aún con los vicios y las pretensiones de la raza blanca.” pág. 52) nos trae a la memoria un pasaje de la Germania de Tácito

Por otro lado, la imagen de la quemade las naves, que en la novela sólo se le atribuye explícitamente a Hernán Cortés , también aparece en la biografíade Alejandro Magno y en la  Eneida , cuando las mujeres troyanas queman las naves para no continuar errando por los mares.La escultura griega aparece en dos ocasiones: “‘Los griegos amaban el desnudo porque eran hermosos...’ ¡Esteúltimo pensamiento acerca del desnudo en los griegos no es mío, éste sí lo he leído en un libro y te aseguro, tíaClara, que se quedará grabado en mi memoria como si estuviera grabado en bronce, porque resplandece de verdad yrebosa de lógica!” (pág. 195) y “Estás igual, pero igualita a la muchacha del cromo de las píldoras de Ros, eseanuncio que hay en la puerta de la botica de la esquina de casa, allá en Caracas...! (...) La observación de Peruchome resultó mil veces más interesante que si me hubiese comparado con la Venus de Milo , cosa que tal vez habríasonado a mis oídos como un lugar común incapaz de halagar mi vanidad.” (pág. 279).

“Buscando con la linterna de Diógenes” (pág. 135) y “Pero tío Pancho resolvió tomar a su cargo la causa de la Santa Pobreza y,reuniendo al espíritu de Diógenes el espíritu evangélico, decía: -¡El rico no existe! Casi, casi todos los ricos sin excepción son pobres, pobrísimos, y esa pobreza de los ricos es la más desgarradora porque no tiene remedio”. (pág. 235).

“Pero escondí la exclamación en el estoicismo de mi mansedumbre y de mi silencio”. (pág. 249). Con la filosofía estoica parecen relacionados varios pasajes, como por ejemplo: “en cuanto al tiempo gastado en el trayecto, eso no tenía la menor impor-tancia. Para nuestros bisabuelos lo mismo era llegar temprano que llegar tarde o que no llegar nunca. La manía de llegar esrelativamente moderna y el más terrible azote con que nos mortifica a todos la civilización.” (pág. 52). “El ayuno moral de losricos sería trágico como el hambre de Tántalo si no fuera porque en vez de trágico resulta grotesco. 

Sí; Tántalo tenía la concienciade su ayuno y sentía el dolor sublime del hambre, mientras que estos otros no; porque a éstos les es dado masticar y tragar, perono saborean, puesto que carecen en absoluto de paladar. Ellos ignoran su falta de paladar, no tienen la más remota noticia de sueterno ayuno y son horriblemente grotescos, porque en medio de su hartura es como si no hubieran probado todavía el primer  bocado. (...) los ricos trabajan demasiado. Están siempre cansados, debilitados y extenuados de tanto hacer llaves y cerrojos paraguardar su dinero ... Se creen además merecedores de las más encumbradas distinciones, y como su vanidad los fustiga sincompasión por ese camino de los honores se parecen también mucho a los caballos de carrera, cuando pasan rendidos y jadeantes,queriendo alcanzar a los que van ganadores. (págs. 236- 237). “El sufrimiento no está en la sola ausencia del bien, que es el casode tus ricos, sino que el sufrimiento estriba en la conciencia o conocimiento de esa ausencia del bien, lo cual es nuestro caso. Elque sufre sin comprenderlo no tiene padecimiento ninguno y es como el paciente a quien están operando dormido que nada sabede sus dolores, porque en aquel instante ha perdido la sensibilidad y la conciencia”. (pág. 238).

“San Jerónimo, quien, según parece, escribió horrores de la mujer.” (pág. 29). Por cierto de la Vulgata de San Jerónimo estátomada la frase “de profundis clamavi ad te Domine” (pág. 84).

Agradezco esta información a Mª Dolores Castro Jiménez.

“Concretamente éste: “Yo soy de la opinión de los que entienden que los Germanos nunca se juntaron en casamientos con otrasnaciones, y que así se han conservado puros y sencillos, semejantes sólo sí mismos. De donde procede que un número tan grandede gente tienen casi todos la misma disposición y talle, los ojos azules y fieros, los cabellos rubios, los cuerpos grandes y fuertessolamente para el primer ímpetu. No tienen el mismo sufrimiento en el trabajo y obras de él; no son sufridores de calor y sed,llevan bien el hambre y el frío, acostumbrados a la aspereza e inclemencia de tal suelo y cielo.” (Tácito
Germania IV).

“Pancho acabó al fin por sacarme de mi abstracción con este discurso original y un tanto paradójico:- ¡Reniego de los trasatlánticos que establecen comunicaciones con Europa! Creo que como Hernán Cortés, todos los conquista-dores debieron tomar la precaución de quemar sus naves inmediatamente después de desembarcar a fin de evitar cualquier tentativa de retorno. De este modo viviríamos aquí siempre contentos como viven las ranas de los charcos, que nunca están demal humor porque carecen del concepto “peor” y sobre todo del concepto “mejor”, fuente de casi todas las desgracias humanas”(págs. 51-52).


CONCLUSIONES

Tras haber analizado la novela Ifigenia. Diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba de Teresa dela Parra, se puede concluir que la autora tiene dos fuentes básicas de inspiración: la realidad social de su país (o deAmérica Latina en general) y, por otro lado, el argumento y los personajes de Ifigenia en Áulide de Eurípides, a laque quizá llegó, después de conocer alguna versión moderna, como por ejemplo la francesa de Racine, a través detraducciones, pues no sabía griego. Paradójicamente hay muchos elementos similares en la sociedad que retrata  Ifigenia y en la Grecia Clásica, pero, sobre todo, uno: el papel secundario de la mujer de clase alta, siempre al servi-cio de su dueño (padre, esposo, tío, etc.). Ya algunas escritoras occidentales antes de Teresa de la Parra habíantomado como protagonistas de sus obras a personajes femeninos de la mitología clásica para reescribir la historiamítica desde su perspectiva y de paso la historia contemporánea o la propia y muchas otras lo harían después, si biensuelen preferir las figuras de Penélope o Eurídice.Por lo que respecta a los personajes, María Eugenia tiene mucho de Ifigenia, incluso el cambio de actitud ante elsacrificio, aunque en una ocasión ella misma se identifica con Penélope. Tío Pancho recuerda al anciano y al corifeode
Ifigenia en Áulides, pues se opone al sacrificio e intenta avisar a Abuelita y a la propia María Eugenia de lo que vaa suceder, sin ningún éxito. Mercedes Galindo quiere para la protagonista, como Clitemnestra para Ifigenia, una buena boda. Ambas, al igual que Abuelita, son víctimas de malos matrimonios. Abuelita y Tía Clara, como Agame-nón, sienten amor por María Eugenia, pero representan un orden social que se impone. Tío Eduardo, como Mene-lao, sólo vela por sus propios intereses. El joven Gabriel Olmedo recuerda a Aquiles, y, como él, no es capaz deimpedir el sacrificio. César Leal puede considerarse la personificación de Ártemis, a quien se sacrificará la víctima, pero finalmente no le perdona la inmolación, y María Antonia, la esposa de su tío Eduardo, el sacerdote de la diosa.Hay algunos otros elementos de la mitología clásica dispersos por la obra con escaso significado en la estructurageneral. Sí tienen importancia la literatura y la filosofía (en particular las de la Antigüedad) a las que se refierenmúltiples pasajes, entre otras cosas, porque la protagonista disfruta especialmente con ellas, y su futuro esposo se las veta.


Fuente:



Reseña sobre "Ifigenia" de Teresa de la Parra





Autor: Carlos Balladares Castillo
Publicado en: Noticiero Digital y Analitica

Ifigenia o el sacrificio del feminismo

¿Fue Teresa de La Parra (1890-1936) una feminista? Si comprendemos por feminismo la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, se puede responder afirmativamente. Dicha afirmación se sostiene en la lectura: tanto de su novela “Ifigenia” (1924) como de sus tres conferencias sobre la “Influencia de las mujeres en la formación del alma americana” (1930). Textos que leímos en sus “Obras” editadas por Biblioteca Ayacucho en su segunda edición de 1991). En sus conferencias dirá que es una “feminista moderada” porque ciertamente; como María Eugenia Alonso, el personaje de su gran novela; posee una relación de amor-odio con la tradición colonial. Admira sus orígenes: es una “goda” (término que se usaba en el siglo XIX y principios del XX para referirse a los conservadores y/o a los descendientes de los mantuanos) pero sostiene que no debe haber más “sumisión” por parte de la mujer a esa cultura “pagana” que tiene al macho como un dios.

La tragedia de nuestra Ifigenia criolla de principios de siglo XX: es el vivir en una sociedad a medio camino entre la tradición y la modernidad, por tanto entre la naciente libertad femenina y la moral “goda”. A lo cual se suma el ser huérfana y pobre pero de clase alta, y por tanto dependiente de sus familiares con dinero. Esta realidad es la que la protagonista: María Eugenia Alonso (una joven que ha vivido y se ha emocionado con el hedonismo del París de la “Belle Époque”) llama “el Fastidio”. Su gran temor es vivir la monotonía de los que no tienen una meta, como lo son su “abuelita” (viuda) y la tía Clara (solterona), que pasan las horas bordando y rezando. La novela es su diario, el de una “señorita que escribió porque se fastidiaba”, y por medio de él nos cuenta sus intentos para salvarse de esta realidad y ser feliz. Al principio busca ser pianista como Teresa Carreño, pero no puede tocar el piano porque la abuelita se lo prohíbe porque están de luto; luego le queda la pasión del amor en el matrimonio, pero su enamorado (Gabriel Olmedo) termina casándose con una rica. Solo la lectura y la escritura de su diario la sirven de terapia, e incluso me atrevo a decir que es su verdadero medio de salvación y expresión de su protesta feminista.

A lo largo de la novela – la cual es bastante larga: más de 500 páginas – se describen un conjunto de personajes que ilustran la realidad de la Venezuela gomecista (los arribistas como el tío Eduardo), y especialmente la mentalidad positivista (el idealista tío Pancho, muy similar al tío Juancho de “Memorias de Mamá Blanca”). Para un historiador, Teresa de la Parra, es una maravillosa “cronista”; que nos demuestra como la Colonia no había muerto ni con la Independencia ni con los sucesos de nuestro largo siglo XIX. Nos relata el mundo de las clases altas y medias, sobretodo las primeras; en muy pocos momentos se refiere a los sectores populares (¡Qué mal que no vivió más tiempo para que nos regalara una novela de los olvidados, porque siempre demostró en sus escritos una veneración por ellos!). El racismo y el endoracismo aparece en muchos momentos (la criada Gregoria: - “¡Haberse acordado de su negra!… ¡de su negra fea!… ¡de su negra vieja!...” (pág. 36)), y siempre está la admiración por nuestra geografía tropical: “Me encanta el pedazo de Ávila que se mira a lo lejos por encima de la mata y los tejados” (pág. 88).

Al vivir su fracaso amoroso, María Eugenia Alonso, acepta relativamente su destino: el fastidio. Ser una mujer prisionera, desheredada, esclava, y tutelada por su familia. Su abuelita le buscará marido al permitirle “sentarse en la ventana” para que los jóvenes ricos la vean (“a la venta”) y le propongan matrimonio. De esa forma conoce al peor de los machistas: César Leal. Al igual que Ifigenia en Áulide es conformista ante el sacrificio, aunque vive un último momento de posible escape con un Gabriel Olmedo arrepentido. Nada, la tradición colonial se impone y el miedo la detiene… la autora no nos dirá el fin de la historia de la protagonista: ¿Se suicida, se queda solterona o se casa con el machista? Mi hipótesis, es lo que luego confirma Teresa de la Parra en sus tres conferencias: la maternidad es la única salvación y felicidad de la mujer en los tiempos del machismo. La mujer por esta vía logró el mestizaje entre las “razas” que se odiaban, logra la perpetuación de los “fundadores de la ciudad”.